Un blog sobre camisetas de fútbol. Historia, diseño, marcas, novedades, curiosidades, rarezas. Arte y Sport.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Felices fiestas para todos

Es el deseo de Arte y Sport.




Y que Papá Noel les traiga muchas camisetas.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

A veces sobran colores






¿Qué pasa cuando al diseño tradicional de una camiseta titular de un equipo cualquiera se le agregan uno o más colores?

Estéticamente el resultado puede ser satisfactorio, como en todos estos casos: Vélez Sarsfield, Genoa, Deportivo La Coruña, Boca Jrs. y el Blackburn Rovers. Pero, ¿es válido privilegiar el criterio estético por encima de todo? ¿No hay una historia o una tradición que respetar?

Algunos dirán que si los colores agregados se relacionan de algún modo con la historia el club, hasta podría ser un homenaje o un recordatorio de la tradición. Podría ser el caso del verde y el rojo en la camiseta de Vélez (la de la imagen no es la titular, valga la aclaración, pero en el caso de este club la frontera entre titular y alternativa es más bien ambigua), o el rojo en la del Rovers. Pero, ¿qué tiene que hacer el dorado en una camiseta del Depor? Sobre la de Boca, hasta Maradona tuvo algo que decir en su momento (siempre tiene algo que decir el Diego), aunque después la usó sin chistar.

A ustedes, ¿qué les parece?

lunes, 17 de diciembre de 2007

Espíritu crítico: camisetas argentinas

Una por una, todas las camisetas de los equipos argentinos que jugaron el Torneo Apertura 2007. Como todos saben, éste fue ganado inobjetablemente por el Club Atlético Lanús, que pudo festejar de este modo el primer título local de su larga historia.

Ordenadas por marca, aquí están todas:

Topper: Proveedor de Tigre, Estudiantes, Vélez y Newell´s. Hace ya unos años que la marca de Alpargatas (recientemente comprada por su antigua filial brasileña, hoy parte del consorcio Camargo Correa) ha perdido el rumbo. Desde que se reconvirtió a mediados de la década pasada, Topper abandonó su antiguo logo y los clásicos diseños que la hicieron famosa en el país para transformarse en un híbrido con pretensiones modernosas.

Más allá de algún parcial acierto vistiendo a los equipos de Avellaneda, actualmente Topper deambula entre dos opciones: imitar modelos de otras marcas (cuando copió la camiseta Kappa ceñida y elastizada de la Roma adaptándola a los colores de Independiente, o cuando usó los modelos con bastones en degradé para Racing y Estudiantes, tal cual lo hiciera y abandonara rápidamente Adidas) o crear ostentosos y feos modelos propios con esos parches y capas de telas distintas tan de moda en la actualidad. De este estilo son sus diseños actuales, y todos sus equipos deben sufrir esos feos triángulos o trapezoides en los hombros y a los costados. A favor de ellos sólo podríamos mencionar que respetan en buena medida los formatos históricos de los clubes, además de recuperar sus famosos números ochentosos, tan lindos como poco visibles.

Signia: Proveedor de Lanús, Argentinos Jrs. y Gimnasia y Esgrima (Jujuy). Signia ha tenido una breve y muy ajetreada historia. Creada por el grupo multimedia Torneos y Competencias en la segunda mitad de los años 90, fue otra de las marcas con las cuales se intentó evitar la caída irremediable del gigante argentino Gatic S.A. La actual sería la tercera versión de la marca, y es parte integrante del paquete de fábricas y licencias de la ex Gatic que la firma Indular le vendió recientemente a Grendene, el otro poderoso grupo industrial del calzado y los textiles del Brasil.

Por una u otra razón, negativas la mayoría de las veces, los diseños de Signia nunca han pasado desapercibidos. Los actuales comparten ciertas características pero sus resultados son disímiles. A la camiseta del Granate podríamos calificarla como aceptable, e incluso habría podido ser linda si se hubiesen evitado los vivos blancos de los costados, los cuales la terminan recargando sin demasiado motivo. La del Bicho, en cambio, es un intento fallido de adaptar una vieja camiseta del club a la línea de la marca. Los sponsors no están bien integrados al conjunto (un sponsor es mucho, más de uno es imperdonable) y la franja blanca en diagonal es absurdamente gruesa, no se entiende bien por qué. Finalmente, la del Lobo de Jujuy es un espanto irreparable. Repleta de publicidades indignas, los finos bastones celestes -innecesariamente bordeados por líneas azules- se ahogan irremediablemente aplastados bajo el sofocante peso de los hombros en azul marino, con el logo de la marca de tamaño excesivo dominando desde arriba el desolador panorama (algo que en las otras dos casacas puede llegar a disculparse).

Mitre: Proveedor de Arsenal, San Martín (San Juan) y Olimpo (Bahía Blanca). El tren fantasma, el laberinto del terror, la peor pesadilla de un diseñador con buen gusto. Algo tan grave que no sabemos cómo calificarlo.

Kappa: Proveedor de Huracán y Rosario Central. La crítica situación económica e institucional de estos tradicionales equipos no debería disculpar lo evidente: estos modelos de la marca italiana parecen camisetas de tercera división. Kappa ha tenido momentos realmente brillantes en Europa, pero desde que probó suerte en nuestro país los resultados han sido muy decepcionantes. Si algún desprevenido pudo creer que la camiseta Kappa de Excursionistas era similar a la del Betis, todo un logro para la Primera C argentina, para equipos que juegan en nuestra máxima categoría ese mismo criterio es inaplicable. Las casacas del Globo y el Canalla lucen baratas y ordinarias. La tela parece comprada en una liquidación del Once. La de Huracán tiene costuras con figuras imposibles y publicidades por todos lados. La de Central, además, tiene la espalda azul casi por completo. Los conjuntos de pantalón y campera que usan los suplentes y el cuerpo técnico parecen de un club de barrio. Por favor, que algún directivo europeo tome medidas contra el responsable de su filial local.

Puma: Proveedor de Colón y Gimasia y Esgrima (La Plata). Está claro que a la marca alemana no le interesa el fútbol en la Argentina sino que prefiere posicionarse en el segmento de la ropa informal y urbana, con ciertos toques retro. Las camisetas del Sabalero y del Lobo no sólo son bastante feas, sino también muy viejas y repetidas.

Nike: Proveedor de Boca Jrs. y el Racing Club. ¿Qué podemos decir a esta altura acerca de Nike que no se haya dicho aún? Más allá de todas las polémicas que esta marca genera desde hace años como símbolo inequívoco de la mundialización y de las últimas tendencias en producción y comercialización; más allá de sus defensores y sus detractores, de los análisis sociológicos y empresariales, de amores obsesivos y odios viscerales, más allá de cualquier otra consideración, las actuales camisetas del Xeneixe y de la Academia son -por lejos- las más lindas del fútbol argentino. Sobrias, sencillas y elegantes. Clásicas en el mejor sentido del término. Con terminaciones sofisticadas y un leve aire retro. Con detalles mínimos que suman sin molestar ni destacarse innecesariamente. La perfección no existe, pero en ocasiones se la puede rozar.

Umbro: Proveedor de Independiente. Un caso bastante particular. A nivel diseños, la casa inglesa recientemente adquirida por Nike pasa por un excelente momento en Europa. Las novedades de la temporada 07-08 son modernas y bien resueltas, además de muy identificables sin llegar a repetirse de equipo en equipo. Pero en el caso de la casaca del Rojo este éxito no ha podido ser trasladado a nuestro deprimido mercado. En una primera y rápida observación, esta camiseta podría parecerse a cualquiera de las de la Premier League. Pero al mirar con más detenimiento notamos ciertas dificultades, hay algo en el conjunto que no termina de resolverse adecuadamente. En nuestra opinión, puede que sea la superposición de vivos en blanco y en una suerte de plateado opaco o grisáceo. Además, que uno de los grandes de la Argentina lleve publicidad en las mangas es injustificable (lo de Unicef en Boca, ¿cómo lo tomamos?).

Adidas: Proveedor de River Plate. La camiseta del Millonario hace tiempo que viene muy expuesta a los patrones que la marca alemana decide para sus diseños en todo el mundo. Por este motivo es que se han dado casos absurdos, como el modelo anterior en el que la banda roja se interrumpía casi en la mitad del pecho. Y todo por esas malditas capas y parches de múltiples telas. Por suerte, en este caso los resultados fueron distintos. Si bien el modelo titular seguramente será cambiado en lo inmediato (ya que ha quedado algo desfasado con respecto al resto del mundo), éste ha resultado mucho mejor que el anterior. Los omnipresentes apliques de Adidas en torno a la línea del cuerpo se han mantenido del mismo color que el fondo blanco y sólo son perceptibles desde cerca. Las tres tiras negras en los hombros no son invasivas, el cuello es bastante discreto y el conjunto completo resulta bastante agradable. Mención especial para el responsable de elegir la indumentaria para cada fecha. Este año hemos podido ver a River con combinaciones de pantalones y medias en negro, blanco y rojo. Cada partido, una sorpresa.

Nanque: Proveedor de Banfield. Muy sencillo. Si usted es diseñador de Nanque, le encomendaron trabajar en la camiseta del Taladro y no tiene mucho tiempo o muchas ideas, haga lo siguiente. Tome el modelo de River detallado anteriormente, pinte la banda de verde y cambie el logo por el de su empleador. Agregue esas publicidades tan agradables a la vista, y listo, ya está, pase por caja a cobrar. Lomas de Zamora, la Argentina profunda.

Lotto: Proveedor de San Lorenzo. El Ciclón debe ser de los equipos que más marcas distintas han usado (Adidas, Topper, Uhlsport, Penalty, Umbro, New Balance, Luanvi, Signia, Lotto) y también ha tenido diseños de todo tipo, desde los más arriesgados a los más sencillos, desde los más lindos a los más impresentables. De los “garfios” de Lotto ya hemos hablado. No hay mucho más que decir.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Coincidencias




Hace poco recordábamos a Ubaldo Fillol y su famoso buzo Olimpia. Y hoy, casualmente, nos enteramos de que el Pato inauguró su propio sitio web, aún en construcción.

No es una maravilla, pero bien vale la pena una visita. En su página web el propio Pato firma algunos comentarios de actualidad, promete una serie de video-reportajes y se puede consultar información detallada sobre su carrera deportiva.

De allí saqué estas otras fotos, realmente muy buenas (¡también usaba Le Coq Sportif!). Y claro, allí se vende además un DVD que le enseña a atajar a los chicos e incluso réplicas de su buzo setentoso, en tres colores. Pero no me parece que sea lo mismo...

jueves, 13 de diciembre de 2007

Sensibles


Todos conocen ya la camiseta alternativa del Inter. Dijimos que podía ser polémica. Pero jamás creímos que iba a pasar esto.

Samuel Huntington es un genio, lean lo que dice acerca de Turquía en su clásico El choque de las civilizaciones.

Terminemos con esta pavada del multiculturalismo.

martes, 11 de diciembre de 2007

La camiseta no se mancha


Hace tiempo que vengo reflexionando acerca del mundial Argentina 1978. Creo que ya sería tiempo de plantear ciertas ideas que intenten superar la larga historia de lugares comunes que se viene repitiendo desde hace tantos años, así que supongo que este será el tema de un próximo post.

Mientras tanto, podríamos repasar uno de los hechos más escandalosos de aquel evento, el cual ha vuelto a los primeros planos por ciertas declaraciones inesperadas: se trata del partido de segunda ronda entre la Argentina y Perú, el cual -como todos saben- culminó con un 6 a 0 en favor del local, situación que le permitió a éste acceder al partido final con Holanda relegando al seleccionado de Brasil.

En esta nota del periodista Ezequiel Fernández Moores se intenta echar algo de luz sobre este asunto, a la vez que se hace un interesante resumen de las controvertidas declaraciones de varios personajes que, de un modo u otro, tuvieron alguna participación en aquel partido.

De allí tomo el siguiente párrafo:

Quince días después del Mundial, la Argentina del general Videla, quien antes del partido había ingresado al vestuario peruano junto con el ex secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, "otorgó un crédito no reembolsable" a Perú "para la adquisición de cuatro mil toneladas de trigo a granel", según lo publicó el diario La Razón de aquel día, en su página 11 y bajo el título "Trigo". Esa donación, según afirmó el escritor inglés David Yallop en su libro de 1999 How they stole the game (Cómo nos robaron el juego), formó parte del supuesto acuerdo de la dictadura argentina con la peruana, cuya selección, a pedido del DT Calderón, actuó en ese partido con una camiseta alterna (roja), "para no pasar vergüenza con la tradicional blanquirroja".


Una actitud muy Arte y Sport la del equipo peruano. Incluso estando dispuestos a dejarse sobornar en un mundial de fútbol decidieron resguardar el honor de su camiseta. Un mínimo gesto de honor en medio de la peor vergüenza.

Bienvenida a casa

viernes, 7 de diciembre de 2007

Las otras marcas: Le Coq Sportif (parte III y final)


Le Coq Sportif en la Argentina

La historia de la marca en nuestro país está íntimamente ligada a la de la malograda empresa de textiles y calzados Gatic SA. Fundada como un simple taller textil por Eduardo Bakchellian en 1953, Gatic negoció y obtuvo en los primeros años de la década del 70 los derechos de producción y comercialización de la marca Adidas. Siguiendo una trayectoria similar a la de su matriz, Gatic tuvo un crecimiento espectacular en los años siguientes, aunque en una posición peligrosamente vulnerable a las repetidas crisis económicas argentinas. Con el correr de los años Gatic fue subiendo la apuesta, construyendo plantas industriales de última generación y con los más altos estándares de calidad en las ciudades bonaerenses de San Martín, Pilar, Brandsen, Pigüé, Coronel Suárez y Las Flores, y también en la provincia de La Rioja. Sumó además las licencias para producir Le Coq Sportif, New Balance, Arena y LA Gear, entre otras, además de crear marcas propias como Envión y Tiempo Libre.

La primera noticia importante que tuvo el público argentino de Le Coq Sportif fue cuando en septiembre de 1979 el seleccionado de fútbol juega su primer partido con indumentaria de la marca, reemplazando a la habitual Adidas. La Asociación del Fútbol Argentino negociaba los contratos directamente con Gatic, por eso es presumible que el reemplazo de una marca por otra haya sido con la intención de fortalecer la novedosa presencia de Le Coq en el país.

Con la vestimenta de la marca francesa el seleccionado de la Argentina jugó dos mundiales realmente inolvidables, por motivos diametralmente opuestos. Puede que suene como un despropósito mezclar dos esferas tan diferentes (por la dimensión verdaderamente trágica de una de ellas), pero en 1982 el público argentino presenció a través de las pantallas de sus flamantes televisores a color dos derrotas que dejaron a la sociedad sumida en una de sus recurrentes y desoladoras sensaciones de fracaso colectivo: la bélica en las islas Malvinas y la futbolística en el mundial de España. En cierto modo, el notable tercer puesto obtenido por el seleccionado de vóley en el mundial de la especialidad disputado aquí mismo es emismo año puede que haya servido como mínimo consuelo a tanta amargura. El muy recordado equipo de Daniel Castellani, Hugo Conte y Jon Uriarte también utilizó indumentaria de Le Coq Sportif.

El otro mundial de fútbol de la mano del gallito fue seguramente la máxima conquista de un equipo nacional. Por supuesto que hablamos del inolvidable México ´86, el mundial del suplicio de la clasificación previa, el de la larguísima gira previa y concentración del plantel en medio de las más feroces críticas al cuerpo técnico, el de las actuaciones cada vez más sólidas, el de las hazañas de Maradona y el de la coronación luego de una final para el infarto contra la fiera tradición futbolística alemana. Fue también el mundial que convirtió a aquellas hermosas camisetas Le Coq en inhallables piezas de colección. El que tuvo la particularidad de obligar al equipo argentino a jugar dos veces seguidas con su camiseta alternativa. Y como no se había previsto tal contingencia, antes del partido contra Inglaterra los utileros debieron salir a comprar camisetas azules genéricas Le Coq en los negocios del DF y coserles a mano los escudos de AFA, porque la mayoría de las camisetas azules utilizadas contra Uruguay habían sido intercambiadas o regaladas por los jugadores. Por eso las inconfundibles casacas brillosas con números plateados del partido de cuartos de final, las de la “mano de Dios” y el pase gol del Negro Enrique.

La relación de Le Coq Sportif con el seleccionado nacional duró hasta 1989, cuando se decidió que el equipo volviera a vestir Adidas. El mundial de Italia estaba próximo y la batalla global de las marcas posiblemente haya obligado a esta decisión. Así y todo, en aquellos años Le Coq también tuvo tiempo de conquistar para siempre el corazón de los hinchas de Independiente (y el de todos los que apreciamos los lindos diseños), aportándole al club su recordada casaca con el auspicio de Mita, con la cual obtuvieron la Liguilla Pre-Libertadores de 1987 que le permitió jugar al Rojo la Copa del año siguiente.

Más allá del fútbol, Le Coq Sportif logró en los años 80 un excelente posicionamiento dentro del mercado argentino. De la mano de Gatic, que llegó incluso a ser dueña de sus propias cadenas de tiendas minoristas de ropa y calzado deportivos (como por ejemplo, Show Sport), los productos de la marca francesa tuvieron muy buenos niveles de ventas. Sus famosas zapatillas ochentosas continúan siendo muy recordadas por los nostálgicos y los amantes de los diseños retro.

Siguiendo el derrotero de su matriz francesa –aunque por causas bien distintas- la década del 90 fue el comienzo del derrumbe, tanto para Le Coq Sportif en la Argentina como para todo el grupo Gatic. Mucho se ha escrito en los medios masivos acerca del colapso de este gigante, uno de los tantos ejemplos del fracaso de las políticas industrialistas en la Argentina. A esa infinidad de artículos seguramente les falta una dosis adecuada de distancia y objetividad, algo difícil de encontrar cuando lo más sencillo es aprovecharse de la desesperación de quienes se quedan sin trabajo. Eduardo Bakchellian escribió y publicó en 2001 su libro autobiográfico El error de ser argentino. Allí cuenta su versión de los hechos. No vamos a juzgar aquí el grado de credibilidad de su relato de la caída de Gatic, salpicada incluso por ciertos escándalos familiares que pudieron haber influido de manera decisiva en el proceso. Lo que sí es indudable es que Gatic pretendió diferenciarse de la mayoría de los grupos industriales argentinos, los cuales siempre han aprovechado (¿aprovechan?) los períodos de economía cerrada y subsidiada para venderle a los consumidores productos de pésima calidad a un precio abusivo para luego, en los períodos de apertura, limitarse a vender sus fábricas o bien cerrar todo y ponerse a importar porquerías. Gatic, por su parte, se preparó para hacerle frente a la imprescindible apertura y desregulación de la economía que se dio en toda la región del Cono Sur en la década pasada apostando a producir más y respetando los estándares de calidad que le exigían las matrices de las marcas que el grupo representaba. Si su apuesta fue honesta, si sus estrategias fueron erróneas, si no pudo reaccionar a tiempo, si fue la dinámica extraña e imprevisible de la política argentina o una combinación de todo lo anterior lo que hizo fracasar el proyecto, eso es materia de una larga polémica.

Lo cierto es que luego de 1995, con la debacle financiera originada por el “efecto tequila”, el debilitamiento de los países emergentes tras el default ruso y la inevitable devaluación brasileña, mientras la Argentina continuaba aferrándose a la convertibilidad y debilitándose en todos los frentes Gatic entró en una fase terminal de su crisis que culminó a la par del estallido político de diciembre de 2001. El 31 de diciembre de ese año Gatic cerraba plantas, suspendía personal, dejaba impaga una deuda varias veces millonaria con los bancos Nación y Provincia de Buenos Aires y, como cereza del postre, perdía la licencia de Adidas.

Sin embargo, Gatic aún mantuvo por algún tiempo más la licencia de Le Coq Sportif y de otras marcas. Pero mientras que en 2002 empezaba una etapa radicalmente diferente –y no menos dramática- para el país, Gatic entró en un interminable proceso judicial signado por los fuertes reclamos de todos los sectores perjudicados o interesados en el asunto. Mientras que grupos de trabajadores se unían en cooperativas e intentaban lograr la propiedad legal de las distintas plantas para su autogestión, otros grupos empresarios acercaban todo tipo de propuestas de compra y arrendamiento, a la vez que la propia familia Bakchellian, con todos sus conflictos a cuestas, intentaba preservar su patrimonio.

Los resultados de todo este proceso han sido variados. Mientras que algunas plantas permanecen cerradas y la de Pigüé funciona en manos de una cooperativa de trabajadores, las plantas de Coronel Suárez, Las Flores y Pilar fueron compradas en 2004 a un precio muy conveniente (12,5 millones de pesos) por Guillermo Gotelli, un polémico ex ejecutivo de Alpargatas. La nueva empresa –llamada Indular SA- comenzó rescatando la marca Signia y adquiriendo la licencia de Pony, produciendo muy por debajo de la capacidad instalada de las fábricas. A principios de 2007, finalmente, Indular fue vendida al gigante brasileño Grendene, competidor directo de Camargo Correa, poderoso grupo que en la Argentina ya se quedó con Loma Negra y Alpargatas, tradicional competidor de Gatic con su marca Topper y antiguo licenciatario de Nike. Grendene destinará las plantas mayormente a la producción y exportación de la marca Reebok, además de conservar las otras licencias. El precio de venta de Indular fue de nada menos que 20 millones… de dólares. Saquen sus cuentas.

Pero Le Coq Sportif ya había cambiado de licenciatario. En 2004 la representación argentina de la firma francesa pasó a manos de la empresa Distrinando, radicada en la localidad bonaerense de Saladillo. Desde entonces, los nuevos responsables han comenzado lentamente a recuperar la presencia de la marca en el mercado argentino, partiendo desde una posición realmente muy comprometida. En estos últimos años, lo más visible han sido las diferentes líneas de calzado deportivo de Le Coq, acompañando en cierto modo el propio relanzamiento de la marca en los países centrales. Finalmente, como hecho auspicioso a destacar, no podemos dejar de mencionar la importante presencia de Le Coq Sportif en el reciente match de Copa Davis frente a Suecia, en el estadio del Parque Roca. Allí, los responsables locales de la marca presentaron un muy agradable stand promocional, el cual contó además con el aporte de los socios de la AACCF para exhibir algunas camisetas de fútbol históricas de Le Coq, verdaderas piezas de colección que representan fielmente la herencia y la importancia histórica de la marca. Una manera inmejorable de reafirmar que Le Coq Sportif no sólo es dueña de una parte importante de nuestra historia futbolística, sino que también -tal es nuestro deseo- de su futuro.

Mes que una comed



Detrás de su apariencia ordinaria, escatológica y levemente retardada, las películas de lo que se ha dado en llamar la Nueva Comedia Americana son en verdad una fuente inagotable de inteligencia, humor y cariño por sus personajes.

El último ejemplo en llegar a nuestros cines es Superbad, estrenada aquí como Supercool (ya ni eso pueden respetar los distribuidores). Producida por Judd Apatow, el mismo de las geniales The Anchorman y Talladega Nights, de la dupla Adam McKay en la dirección y Will Ferrell en el rol protagónico. Superbad es una muy tierna y divertida aventura del sub-género "final de la secundaria", con actuaciones muy sólidas, situaciones insólitas y un ritmo desenfrenado que nunca decae.

Y además, como no podía ser de otra manera si hablamos de la Nueva Comedia, Superbad también tiene su conexión con el universo de Saturday Night Live, la leyenda de la televisión americana a la cual pronto le dedicaré un post. Aquí actúa Bill Hader, uno de los novatos del programa en plena etapa de consolidación, el que compone por ejemplo a Vinny Vedecci, presentador de la RAI que no para de fumar, sólo les habla en italiano a sus invitados anglohablantes y se enoja con la producción. Un personaje que puede llegar a ser un clásico.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Ahora dicen que...

Nike y Asics se juntarían para hacer una oferta pública por Adidas. Los alemanes lo desmienten.

Credibilidad del rumor: 34%.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

De un "estadio italiano"...

Publicidades previas a Italia '90. Saquen sus propias conclusiones...







La historia hizo que los dos últimos comerciales hoy resulten bastante deprimentes. No quiero hacer responsables a las empresas de nada en particular -para eso sobran voluntarios de todo tipo e intenciones- pero hay algo inherente al marketing que con el paso del tiempo se vuelve muy contraproducente. Sacados de su contexto original, la mención de un precio en australes o la arenga a la sociedad por parte de Sevel bordean el ridículo y lo lamentable.

Las publicidades actuales de los grandes eventos deportivos han cambiado mucho desde entonces. Cómodamente instalados en los PH reciclados de Palermo, los creativos bohemios, desaseados y millonarios de hoy pergeñan sofisticados spots que apelan al humor, a la identificación del hincha-consumidor con el producto, al nacionalismo, a la pasión en forma de "aguante" emprolijado, a la ironía super cool, a la exageración y al disparate. Lo cual no ayuda necesariamente a que la mayoría de los nuevos comerciales sean menos insufribles, sino más bien lo contrario. En todo caso, pareciera que las empresas prefirieran evitar el mensaje institucional directo o referirse a sus productos en sí. Más bien se trata de la publicidad por la publicidad misma. Porque hay que hacerla, hay que estar. No sé si los resultados avalarán esta estrategia.

Váyanse preparando para las nuevas campañas veraniegas.

martes, 4 de diciembre de 2007

Las otras marcas: Le Coq Sportif (parte II)


Conflicto y decadencia

Pero al narrar esta seguidilla de triunfos pasamos por alto un dato muy significativo: Le Coq Sportif ya no era una marca francesa, o, en todo caso, ya no era fabricada por una empresa independiente francesa. La asociación con Adidas se había transformado en subordinación. La marca de las tres tiras le había dado a Le Coq el famoso abrazo del oso.

Como habíamos dicho antes, todo fue paz, armonía y crecimiento en la sociedad franco-alemana en los primeros años desde 1966, cuando se formalizó la alianza estratégica. Quizás no sea un hecho conocido, pero fue Le Coq quien alentó a Adidas a crear un logo que identificara a sus prendas, que hasta ese momento sólo tenían las omnipresentes tres tiras por todo distintivo. Los franceses entendían –con mucha razón- que buena parte del éxito reciente de sus productos radicaba en la fuerza visual de su logo del gallito enmarcado por el triángulo. Adidas aceptó la sugerencia y comenzó a desarrollar los primeros prototipos de su propio logo, inspirado en el espíritu olímpico que servía de lazo simbólico entre las tres placas continentales del mundo. Como todos sabemos, el éxito de su versión final -el clásico trébol de tres hojas- fue realmente fenomenal y en la actualidad es por sí solo otro ícono de la cultura popular.

Pero ya en 1973 se dio el primer conflicto en la sociedad, debido a que Le Coq sacó al mercado nada menos que una campera de gimnasia con las tres tiras en las mangas. Previsiblemente, don Adi Dassler puso su germánico grito en el cielo y la distribución de dicha campera se canceló. De allí en más los socios siguieron compartiendo algún que otro diseño casi idéntico, como esta otra campera de algodón, pero ya había quedado claro que Le Coq podía usar una, dos o veinte tiras en su ropa, pero nunca tres.

Aunque el año crítico fue en verdad el siguiente, por causas bastante más prosaicas que el diseño de una prenda. Tanto Le Coq como Adidas habían crecido mucho en pocos años, pero 1974 fue un momento de turbulencias económicas en el mercado a causa de la crisis petrolera mundial desatada el año anterior. Esta sorpresiva situación elevó la mayoría de los costos fijos a las nubes. La situación financiera de la sociedad era delicada y debido a ello se suscitó un conflicto que llegó a plantearse ante las autoridades francesas. Los pormenores de la negociación resultan casi imposibles de reconstruir, pero lo cierto es que ese mismo año de 1974 el Tribunal de Comercio de París dictaminó que a partir de entonces la sociedad sería administrada por la firma alemana. En los hechos, significaba que Le Coq Sportif pasaba a ser una marca subsidiaria de Adidas, la verdadera propietaria.


Fue entonces bajo esta forma que Le Coq conoció sus mayores momentos de fama mundial en la década del 80, como decíamos en el punto anterior. Pero de este modo su destino pasó a depender directamente del de Adidas, que a su vez debió sortear otra severa crisis a partir de la muerte de Hörst Dassler, el hijo del fundador Adi en 1987. En un curioso giro de la historia, fue justamente un francés quien terminó adquiriendo a Adidas en 1989, el controvertido Bernard Tapie, a la sazón dueño del Olympique de Marsella y un “especialista” en comprar grandes firmas en bancarrota para su saneamiento. Para afrontar el pago de los 1.600 millones de francos (el equivalente a 244 millones de euros actuales) Tapie solicitó un préstamo al banco estatal Crédit Lyonnais.

Aunque Tapie se propuso relanzar Adidas con ruidosas acciones de marketing (llegando a contratar a Madonna para tal fin), en 1992 se declaró incapaz de pagarle el préstamo al banco. La operación se transformó en un escándalo económico y político, ya que el Crédit Lyonnais, en una decisión muy inusual, decidió tomar control de la empresa para una posterior reventa. Teniendo en cuenta que el banco era estatal y Tapie en ese entonces también ejercía como ministro de Asuntos Urbanos del gobierno francés, muchos sospecharon con fundamento que el banco quiso sacar a Tapie de un apuro.

El culebrón tuvo un nuevo capítulo en 1993, cuando el CL decidió venderle Adidas a otro francés y antiguo amigo de Tapie, el millonario Robert Louis-Dreyfus (nada menos que un primo de Julia Louis-Dreyfus, la famosa Elaine de la serie Seinfeld). La venta se cerró por mucho más de lo que el propio Tapie había pagado, la ganga de 4.485 millones de francos (o 683 millones de euros). El bueno de Bernard se sintió estafado y ya no hubo quién lo hiciera zafar. Tuvo que declararse en bancarrota en 1994 y además fue demandado por varias causas. Por una de ellas –relacionada con arreglo de partidos cuando Tapie era el presidente del Marsella- llegó a pasar seis meses en prisión, en 1997. Pese a todo, ya en 2005 otro tribunal francés aceptó compensarlo por las pérdidas resultantes de todo el affaire Adidas, con lo cual el buen muchacho reembolsó apenas unos… 135 millones de euros. ¿Y a que no adivinan quién se quedó además con la propiedad y la presidencia del Olympique? Bueno, eso se lo quedó también Louis-Dreyfus. Un amigo.

¿Y qué pasó con Le Coq Sportif, mientras tanto? En medio de todo el escándalo la marca no pudo evitar sufrir un fuerte deterioro, el cual no pudo detenerse con la posterior venta al grupo estadounidense Brown Shoe Company en 1995. Los americanos no supieron bien qué hacer con Le Coq, y hacia fines de la década el gallito había prácticamente desaparecido de la escena. En 1999 un grupo de empresarios franceses compró la licencia con el objetivo de sacarla del fondo del pozo.

Renacimiento

Poco a poco, Le Coq Sportif comenzó su recuperación. Muchos quizás se sorprendieron gratamente en 2002 cuando en el mundial de fútbol de Corea-Japón el seleccionado de Senegal apareció luciendo el tradicional logo del gallito. Pero todavía faltaba mucho para levantar a la marca y sus dueños no podían realizar un esfuerzo tan importante. Finalmente, entre 2005 y 2006 Le Coq Sportif tuvo un nuevo cambio de manos, que por ahora parece ser el definitivo: desde entonces es el fondo de inversión suizo Airesis el encargado de manejar los destinos de la histórica casa. El presidente y principal accionista de la empresa es el francés Olivier Jacques.

El nuevo management se ha propuesto en los últimos dos años reposicionar a la marca en un segmento diferente. Entendiendo que no tenía mucho sentido lanzarse a competir contra los gigantes Adidas y Nike, buscaron su nicho de mercado entre las marcas deportivas más orientadas al mundo de la moda y el diseño, tal cual lo hicieran Puma y Fila a su debido turno, con muy buenos resultados en Europa.

Este mismo año Le Coq Sportif ha vuelto a desembarcar en los Estados Unidos, estableciéndose en Portland, Oregon, hogar de la pipa y el trébol. Su intención allí es posicionarse como una marca premium, comercializando sus productos únicamente en sofisticadas tiendas propias, en clubes privados y hoteles internacionales. La estrategia es aprovechar el incesante gusto por los diseños retro de los años 70 y 80, tanto en indumentaria como en calzado y accesorios. La competencia no será fácil, pero seguramente Le Coq Sportif sabrá sacarle provecho a esta nueva oportunidad. Tiene un respaldo de nada menos que 125 años de trayectoria como para hacerlo.


Próxima nota, parte III y final: Le Coq Sportif en la Argentina.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Las otras marcas: Le Coq Sportif (parte I)

La historia de Le Coq Sportif


La segunda nota de la serie de Arte y Sport sobre la historia de las marcas menores está dedicada a una que los argentinos solemos asociar a muy gratos recuerdos: la casa francesa Le Coq Sportif. Con nada menos que 125
años de historia y un reciente retorno a los primeros planos que promete revivir antiguos momentos de gloria, Le Coq Sportif ha sabido atravesar todo tipo de avatares a lo largo de su evolución. Comenzando como un modesto taller familiar, creciendo lentamente a nivel regional y nacional en el campo de la industria textil, pasando por la expansión mundial y vertiginosa de los años 70 y 80 hasta su caída a mediados de los 90 y resurgimiento en el nuevo siglo, la historia del gallo deportista es un ejemplo típico para reflexionar acerca de los notables cambios que ha sufrido una industria tan representativa de nuestro tiempo como lo es la de la indumentaria deportiva.

Los orígenes

Para encontrar los orígenes de Le Coq Sportif debemos remontarnos a la Francia de fines del siglo XIX. La región de Aubes era el centro principal de la industria de géneros de punto (sombreros, guantes, gorros, ropa interior), concentrando casi la mitad del total de la producción nacional. La ciudad de Troyes era a su vez el punto neurálgico regional de esta industria. Fue cerca de allí, en la pequeña aldea de Romilly-sur-Seine, donde la familia Camuset, encabezada por el “patriarca” don Emile, fundó un taller textil al que se llamó Romillone. Uno más entre tantos otros, seguramente, pero que con los años demostraría ser capaz de destacarse, y cómo.

La “historia oficial” de la empresa nos cuenta que lo que distinguió desde siempre al taller Romillone fue su compromiso inalterable con la calidad y la innovación. Una frase que ya hace rato que suena vacía de tanto repetirse en las gacetillas y las webs institucionales de cualquier empresa, ya sea que ésta fabrique nanotecnología o broches de madera. Pero que seguramente habrá tenido algo de cierto, porque el caso es que el taller supo crecer lentamente y superar contingencias tan tremendas como las dos guerras mundiales, que en Francia se hicieron sentir de la peor manera.

En todo caso, ya en la década de 1920 el taller Romillone tenía una reputación bien ganada, y a partir de allí los Camuset comenzaron a diversificarse. En los rústicos catálogos de aquellos años comenzaban a aparecer los primeros productos pensados para la actividad deportiva, por ejemplo, camisas de tenis. El primer impulso importante en este campo se da en 1936, con la aprobación en Francia de la ley de vacaciones pagas. Esto permitió que las clases medias, cada vez más numerosas y con mayor poder adquisitivo, incrementaran el tiempo dedicado a la actividad deportiva y la vida al aire libre. El taller Romillone pasó a producir y distribuir con éxito cada vez más prendas: polos, camisetas y jerseys (buzos) para diferentes deportes. Los nuevos catálogos incorporaron incluso una sección para los niños, que empezaban a conocer las primeras colonias de vacaciones.

Lo notable del taller de los Camuset fue que nunca se especializó en algún deporte en particular, siempre supo desarrollar productos para todo tipo de disciplinas. Su presencia en el fútbol, por ejemplo, cobró notoriedad en 1937 cuando el Olympique de Marsella ganó el campeonato francés utilizando vestimenta de Romillone. Pero las ventas continuaban aumentando en otros rubros, como el tenis, el básquet y el rugby. Hacia 1939 los Camuset fueron nuevamente pioneros al desarrollar un producto que tendría una demanda muy fuerte recién una década más tarde: las camperas y conjuntos de gimnasia de algodón forrado, una prenda que hoy ya es un ícono de la cultura popular.

Nace Le Coq Sportif

El concepto de “marca” comenzó a vislumbrarse en 1948. En ese año aparecieron las primeras prendas con etiquetas cosidas en su interior. El nombre “Le Coq Sportif” hizo su aparición en estas etiquetas, inicialmente con la cabeza de un gallo como adorno gráfico. En 1950 se registró oficialmente el nombre de la marca, y en la imagen el gallo ya aparecía de cuerpo entero, con un amanecer de fondo y enmarcado dentro de un triángulo. Además de ser ya una marca, Le Coq Sportif tenía un logo. No parecía algo tan importante entonces, pero en retrospectiva sí que lo fue.

En la década de 1950 el crecimiento de Le Coq se aceleró. Los catálogos eran ya en cuidadas ediciones en colores, y la empresa lograba aumentar cada vez más su presencia en los clubes, formando una verdadera red. Al importar nuevas máquinas de Inglaterra, los telares Komets, el taller pasó a especializarse en medias deportivas, logrando muy buenos niveles de ventas en sus modelos para fútbol, rugby y básquet. El modesto taller familiar de los inicios era ya toda una fábrica con nuevas oficinas, que empleaba a 50 personas.




En 1951 comenzó una relación con la organización del Tour de France, la cual resultaría muy fructífera para Le Coq Sportif, siendo el ciclismo en Europa un deporte extremadamente popular. Todos los equipos franceses vistieron indumentaria de la marca, si bien el logo todavía permanecía oculto en el lado interior del cuello. De todos modos, esta relación privilegiada le permitió a Le Coq ganar notoriedad entre el público gracias a las campañas publicitarias pautadas en los medios gráficos especializados. En los años siguientes la presencia del gallito en el mundo del ciclismo se haría cada vez más visible.

Pero Le Coq se mantenía activo en todos los frentes. En 1955 el seleccionado francés de fútbol jugó un partido en Rusia contra la Unión Soviética vistiendo por primera vez prendas de la marca, lo mismo que el Reims al ganar el campeonato de primera división de aquel año. Tampoco en estos casos podía identificarse a las camisetas con el logo. Hacia 1959 la marca ya era realmente importante en Francia, haciéndose presente en exposiciones de la industria como la del Salón de Versalles. Al año siguiente, Le Coq Sportif obtuvo el privilegio de vestir con sus nuevos conjuntos deportivos de telas sintéticas a todo el equipo olímpico galo que compitió en los Juegos de Roma, repitiendo cuatro años después en la competencia de Tokio. En la fábrica de la empresa trabajaban ya 137 personas.

Alianza estratégica y proyección internacional

La segunda mitad de los años 60 fue de importancia crítica para Le Coq. Por un lado, entre 1965 y 1968 se dio la evolución del logo, estilizando la figura del gallito, haciendo desaparecer el sol y manteniendo el triángulo distintivo, con lo cual el logo alcanzó su forma definitiva y más famosa. Por otro, la marca aumentó su presencia en los deportes más populares, vistiendo al equipo francés de Copa Davis, a los campeones del fútbol del Nantes y del Rennes, y logrando por primera vez que una camiseta llevara bordado el logo en el pecho del atleta: fue en el Tour de France de 1968 cuando aparecieron los maillots amarillos con el triángulo, los cuales resultarían ser un clásico absoluto, que ha llegado incluso a reeditarse en la actualidad con réplicas retro.

Pero fue en 1966 cuando sucedió el acontecimiento que cambiaría para siempre la historia de la marca. En aquel año, Le Coq Sportif conformó una alianza estratégica con Adidas, el por entonces aún embrionario gigante alemán. Si bien a la distancia esa elección nos puede resultar extremadamente temeraria (fácil de decir con el diario del lunes, por supuesto), era una decisión perfectamente lógica en su momento. Se trataba de aprovechar lo mejor de ambas marcas. Adidas tenía ya una respetable tradición en lo que hacía a la producción de calzado deportivo, pero aún era débil en el rubro textil. La asociación con Le Coq aparecía como complementaria.

Como suele suceder en estos casos, los primeros años fueron de un crecimiento espectacular para ambas marcas. Ya el mismo año de 1966 adoptaron estrategias comunes para lograr una presencia significativa en Europa, y juntas afrontaron el primer evento deportivo de importancia, el mundial de Inglaterra. Si bien únicamente el seleccionado francés uso indumentaria Le Coq, las socias aprovecharon la ocasión para presentar folletería y campañas publicitarias en común, siendo los botines Adidas los de mayor presencia.

Los años subsiguientes fueron vertiginosos. Le Coq propuso las acciones de marketing más novedosas, como la creación del Club Le Coq Sportif, una serie de eventos de relaciones públicas y presentaciones de productos que convocaba la presencia de famosos del ámbito del deporte y también del mundo del espectáculo y la farándula. A cargo de dichos eventos estaba el ex atleta Michel Jazy, varias veces campeón con el gallito. También fue Le Coq la primera marca deportiva en realizar campañas publicitarias en televisión.

En la década del 70 Adidas y Le Coq aparecieron hasta en la sopa. Todos usaban alguna de las dos marcas, más la primera que la segunda, para ser exactos. La ropa de Le Coq la vistieron en 1971 el Ajax de Johann Cruyff al ganar la Copa de Europa, en 1972 el boxeador Jean-Claude Bouttier al desafiar el título de Carlos Monzón, en 1976 el recordado Saint Etienne del entonces fachero Osvaldo Piazza al perder la final de Europa frente al Bayern München (que usaba Adidas, claro) y en 1977 el seleccionado francés de rugby con el logo ya visible en camiseta, pantalón y medias.

Hacia la primera mitad de la década del 80 la sociedad entre Le Coq y Adidas ya conformaba un verdadero imperio, presente en más de ochenta países. Gracias a la experiencia de Adidas, aparecieron los primeros modelos de calzado deportivo de Le Coq. Asimismo, la marca francesa conoció momentos de gloria acompañando al seleccionado de fútbol de Italia campeón en el mundial de España en 1982 (aunque Italia nunca usó logos visibles en su maglia hasta bien entrados los años 90), al carismático Yannick Noah en su triunfo de 1983 en Roland Garros y al seleccionado de fútbol de la Argentina, que de la mano de Diego Maradona obtuvo el campeonato mundial de 1986 en México. Le Coq Sportif se encontraba verdaderamente en la cumbre.