Un blog sobre camisetas de fútbol. Historia, diseño, marcas, novedades, curiosidades, rarezas. Arte y Sport.

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lunes, 8 de octubre de 2007

Rosa, rosae, rosam

La noticia que inspira este post es una novedad que, como tantas otras actualmente, sabe mezclar en dosis irresistibles el marketing y la filantropía, piedras fundamentales de la cultura capitalista anglosajona. Se trata de una nueva camiseta del muy tradicional equipo inglés del Everton, provista por la marca Umbro, que para esta especial ocasión cambiará su azul habitual por el rosa. ¿El motivo? Publicitar una campaña contra el cáncer de mama. Muy loable, por cierto, aunque con ciertas implicancias quizás impensadas.

Si bien la Football Association ha debido ocuparse y regular el número de modelos de camisetas que un equipo está autorizado a comercializar, el cual no puede exceder los tres (incluyendo aquellos especialmente destinados a las competencias internacionales), en este caso es muy probable que acceda a autorizar una excepción. La buena reacción del público frente a esta iniciativa y los altos niveles de ventas potenciales previas a las fiestas de fin de año seguramente convencieron a los más reticentes. Es muy evidente que las marcas están ansiosas por apuntar más selectivamente al público femenino, un segmento de relación difícil con el mundo del fútbol, como el folklore de cada país no se cansa de testimoniar. Los modelos de casacas diseñados con cortes apropiados para que las chicas no parezcan Raulitos aún no resultan artículos demasiado solicitados, ni es muy probable que vayan a aparecer en el corto o mediano plazo en las páginas de la Vogue o en las entradas de The Sartorialist.

De todos modos, puede ser que muchos tradicionalistas del fútbol vean a las camisetas rosas con algo de desconfianza, más aún si le agregamos un toque de machismo u homofobia. ¿Cuántos serían capaces de pasearse por las calles de Soldati con una llamativa casaca rosa con vivos negros del Palermo siciliano, reciente animador de la pelea por los primeros puestos de la Serie A del calcio? ¿Cuántos irían a jugar el torneo de fútbol 5 en la canchita debajo de la autopista enfundados en la nueva camiseta alternativa del Espanyol de Barcelona, o la del Sevilla? ¿Cuántos integrantes de las innumerables legiones de hinchas de Boca Juniors saben que hace muchos años, allá en los principios del siglo pasado, el club de sus amores supo disputar fieras batallas deportivas luciendo orgullosamente el color rosado? ¿Por qué será que el primer equipo del Racing Club debió sufrir el escarnio propinado por las crueles hinchadas rivales, motivado por el uso de una camiseta con cuadros celestes y rosa salmón, pieza conmemorativa de una de las primeras casacas usadas por la centenaria institución?

Estos rudos homínidos deberían aprender algo más de historia. Durante los años que coincidieron con la creación de muchos de los clubes más conocidos del presente –tanto en Europa como en América- el rosa fue un color que solía repetirse en las camisetas de los clubes, ya fuera en soledad o combinado con otros en bastones, cuadros o mitades. La asociación más decidida del rosa con la femineidad, y consecuentemente, con la falta de coraje en la disputa deportiva, fue el motivo principal de la caída en desgracia de este color, tendencia que se dio recién llegando a la década de 1910.

Como es evidente entonces, los colores y diseños de las camisetas de fútbol no han sido siempre los mismos, y desde los comienzos de la historia del fútbol moderno muchos han sido los factores que han influido a favor de una u otra tendencia. Estos factores también han sido de diversa índole, a veces relacionados con cuestiones reglamentarias del juego mismo, en otras ocasiones motivados por vaivenes sociales y económicos. De todas aquellas tendencias es posible encontrar rastros en la actualidad, sin embargo, y a pesar de que no muchos de los que compran, usan o coleccionan camisetas de fútbol saben por qué, por ejemplo, el Real Madrid hace del blanco su emblema, por qué el Celtic y el Sporting de Lisboa usan rayas horizontales verdes y blancas, cómo es que el Aston Villa y el West Ham comparten esa extraña combinación de granate y celeste, o por qué ciertos colores suele repetirse hasta el hartazgo, la respuesta a estos pequeños enigmas se vincula casi siempre a aquellos rastros.

Más allá de las camisetas rosas entonces –que Arte y Sport defiende fervientemente-, en algún otro post aprovecharemos para revisar un poco la evolución histórica general de los diseños, lo cual nos permitirá conocer información insospechadamente interesante.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Hollywood en alemán

Acá está la cola del engendro de película comentado en el post anterior. Como pasa siempre con los bodrios irremontables, con ver los avances alcanza y sobra para saber que nunca deberíamos perder el tiempo con ellos. Creo que estos tres minutitos sirven para confirmar lo que decía más abajo.

Hay muchos videos documentales que demuestran que todos los detalles de la verdadera final de 1954 fueron muy bien reproducidos en la película. Pero el efecto PC Fútbol es horrendo. Y además, como ya todos sabemos, el cine y la mímesis son dos cosas distintas.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Histórico triunfo contra ¿Francia?




Sí, lo de los Pumas fue histórico, pero cuesta reconocer a les Bleus vestidos de azul marino. El diseño en función del marketing deportivo suele incurrir en algunos excesos que pueden enfurecer a los tradicionalistas cuando se altera la esencia última de la camiseta: el color.

En lo que respecta a camisetas deportivas, mi tradicionalismo es moderado. Cualquiera que recurra a los archivos deportivos podrá apreciar que a lo largo de todo el siglo XX, incluso en épocas de amateurismo total, los equipos solían introducir modificaciones importantes en los diseños de sus prendas. Los límites que determinan cuál diseño -por bello que sea- traiciona la esencia o el espíritu que una camiseta representa y cuál no lo hace están sujetos a las más variadas interpretaciones. Pero si hay algo en lo que todos los aficionados concuerdan es que los colores deben ser respetados. En ellos parece radicar el elemento fundamental e irreemplazable de una camiseta. Y si un diseño (como el que Francia presentó ayer, muy moderno y agradable, por cierto) presenta un cambio tan notorio en un emblema tan tradicional como el del rugby francés entonces muchos seguidores nos sentimos traicionados. Efectivamente, todo cambia y a un ritmo cada vez más acelerado, pero hay ciertos elementos que nos gusta que sean inalterables. Porque además no se trata sólo de camisetas, sino que ¿dónde quedaron los también famosos pantalones blancos y medias rojas de Francia? ¿No pasó lo mismo en el mundial de fútbol, en donde hasta la final misma la jugaron totalmente de blanco? Tanto en fútbol como en rugby, si Francia jugaba con su segunda casaca, entonces el short era azul y las medias, rojas.

Sí, también estoy aprendiendo algo de historia y así he podido averiguar que en los orígenes y desarrollo de los más variados equipos los colores mismos han sufrido alteraciones. Aunque creamos que la verde-amarelha es la camiseta de Brasil de toda la vida, en verdad lo es sólo desde 1951. La tradicional camiseta blanca del seleccionado de Brasil fue desterrada luego del Maracanazo uruguayo de 1950. El Athletic Bilbao cambió a principios de siglo sus colores blanco y azul por los conocidos blanco y rojo actuales con el fin de conseguir tela más barata para sus camisetas, la cual no resultó ser otra que la rayada de los colchoneros madrileños, quienes a su vez ya habían dado colores y apodo al Atlético de Madrid. El West Ham replicó los particulares colores del Aston Villa también a principios del siglo XX gracias a una apuesta que no pudo ser pagada en efectivo, sino con un juego de camisetas que luego el lavandero del Villa reportó como "missing". Y como éstas, muchas otras historias.

También podría cuestionarse el color mismo de la camiseta de la Argentina, como así también la de Racing. ¿Cuál es el celeste que nunca debería alterarse? No está del todo claro, pero no ha habido en la historia color más variable que éste. Ha pasado por toda la gama del azul, desde un celeste casi indistinguible del blanco hasta el azul eléctrico. Nadie parece molestarse mucho, desde luego.

Algo más sobre camisetas. Las prendas de rugby han sufrido en menos de diez años los cambios que las de fútbol han sufrido en treinta o más. Si los nuevos modelos son lindos o no, bueno, es un tema arduo para debatir. Lo que es seguro es que el hombre común, el consumidor desesperado por usar lo mismo que su ídolo, aquel que necesita identificarse con todo lo que su equipo representa, no las puede usar. No sin hacer el ridículo, al menos. Los modelos actuales son extremadamente ajustados y no apto para espaldas encorvadas y panzas prominentes. Los responsables de las marcas seguramente habrán pensado en esta cuestión, habrá que ver si repercute finalmente en los niveles de ventas.

Aunque el tema "variantes de todo tipo en las camisetas de fútbol y rugby" está lejos de quedar agotado en los párrafos precedentes, vale la pena mencionar las que seguramente fueron las imágenes más comentadas de la jornada inaugural del mundial de rugby Francia 2007 por el público no especializado:

- Las caras de emoción violenta que tenían los Pumas mientras escuchaban la versión IRB edit del himno. Los que no conocen los famosos códigos del rugby, los que no son gente del rugby (expresiones que suelen efurecerlos) opinaron socarronamente: "¿Por qué se emocionan tanto estos gordos chetos?". Como observador frecuente e imparcial del rugby y simpatizante de los Pumas desde hace años, debo admitir que los muchachos parecían sobreactuar su emoción. Pero no quiero ser cínico, y mucho menos si consideramos el rendimiento del equipo en el partido que siguió.

- ¿Ese francés de barba copiosa y físico imponente quién es, Conan el Bárbaro? No, es Sebastien Chabal, no sé bien qué onda, pero el director de cámaras seguro que se lo quiere chapar.

- ¿Alguien quiere un poco de espumante francés? Pichot tiene mucho. En el colegio primario aprendimos que la saliva humana se compone de 99% de agua y un 1% de ptialina, palabra que recuerdo porque a todos en la clase nos causaba mucha gracia. Bueno, al gran capitán se le concentró en la boca mucho de ese 1%, y se le escapó todo en la arenga del final del partido. Puaj, qué asquito.

- Algo más personal: por más atinada que sea, no debo decir en público frases como "la presión de los Pumas es asfixiante". Ni siquiera si los amigos que están viendo la repetición mientras comemos pizza recurren a mí como el único que parece saber algo de este deporte aparentemente indescifrable. Lo más probable es que quede como un tarado una vez más.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Mejor no transpirarla, que se estropea


Mi gusto natural por las camisetas de fútbol se está transformando en una obsesión abrumadora desde que descubrí el fabuloso sitio http://www.footballshirtculture.com/. Cosa de ingleses, tenía que ser.


Disenos, presentaciones, historias, fotos, remates, libros, videos, películas, documentales, foros, links, todo lo que se pueda querer saber sobre las camisetas de fútbol de todo el mundo.


Sobre este tema tendré novedades, próximamente.

jueves, 30 de agosto de 2007

No comments

Este no es un blog muy visitado, a pesar de que ya tiene cierto tiempo. Admiro y envidio a los que tienen miles de visitas cada día y decenas de comentarios. Conocí algunos realmente muy buenos, incluso útiles.

Lo que me frustra un poco es el asunto de los comentarios. Recibo muy pocos, cinco por mes con suerte. Y cuatro de esos cinco son para putearme, burlarse de mí, gritarme sus verdades como si yo fuera retardado, amenazarme. Obviamente, los rechazo. Sé que mis opiniones pueden resultar polémicas. Pero cuando yo dejo comentarios en otros blogs, aún cuando sea para expresar desacuerdos, trato de hacerlo con respeto y sin tomar al blogger por idiota.


El último caso, por ejemplo. Alguien deja un comentario a mi post sobre Asís diciendo que Sobisch es un asesino. ¿Qué, acaso pensará que no me enteré de Fuentealba? Insultarme es una cosa, pero tomarme por retardado es peor aún. Con todo lo que lamento la muerte de cualquier persona, si yo hago ese post y ni siquiera menciono el asunto es porque lo del docente no me parece relevante para el asunto de este post específico, o no me parece relevante en lo absoluto.

No pido que estén de acuerdo, sino que sean menos obvios. Y recuerdo que estoy a favor de las papeleras, escandalizado por la partida de la Esso del país, que me compré la camiseta de Chile por Bielsa y que ojalá que nos rompan bien el orto.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Basile, Schwein es argentino

Hace unas semanas, cuando fuimos con Evan a conocer a su sobrina Luisita, también aprovechamos para ir a la cancha. ¿A ver qué? Nada más y nada menos que un partido de la liga regional de Coronel Suárez. En el prolijito estadio del Parque Felisa I. de Alberdi jugaron el local, Centro Blanco y Negro, contra el Club El Progreso, de la colonia Santa María.

Blanco y Negro es una de las instituciones tradicionales e importantes de Coronel Suárez. El lema que exhibe con orgullo en su escudo -en lugar del más previsible nombre del club- propone toda una filosofía de vida: Arte y Sport. Es uno de los “grandes”, podría decirse, ya que juega el clásico contra el Deportivo Sarmiento, aquel equipo de camiseta verde y roja que hiciera famoso el impagable Sergio Denis en un viejo video clip, en el cual aparece pateando unos tiros en un potrero de ésta, su ciudad natal. Aparentemente, yo soy el único ser vivo con alguna memoria de ese video.

En definitiva, Blanco y Negro es el club al que iba Evan cuando era chica, por eso la idea era ir a hinchar por el equipo, que en ese momento peleaba por entrar al octogonal final por el título Apertura. Ya cuando habíamos ido de visita en el verano, ante mi interés por conseguir la camiseta del equipo, la mamá de Evan se ocupó con mucha gentileza de encargársela alfabricante y regalármela. No es una joya del diseño, pero es sin lugar a dudas la camiseta original. De líneas sobrias y sencillas, no intenta imitar ningún otro modelo de las primeras marcas. Justamente ése es el pecado máximo de las camisetas de marcas menores, locales o genéricas: cualquiera puede comprobar cómo los diseños de la chilena Brooks para su seleccionado han imitado modelos de Umbro y Adidas.


El otro equipo del partido que nos ocupa, El Progreso, representa a uno de los clubes más chicos de la liga, y sus modestas instalaciones no quedan en verdad en Suárez, sino que es propiamente un club “de los rusos”. ¿Qué significa ésto? Bueno, hay que repasar un poco de historia social de la zona.

Pocos años después de que la localidad de Coronel Suárez era fundada en 1882, un grupo de inmigrantes alemanes de la región del Volga llegaba a esta parte del sur de la provincia de Buenos Aires para formar colonias dedicadas a la explotación agropecuaria. Tal como lo hicieran otras colectividades pequeñas en otras partes del país: los galeses en Chubut, los judíos rusos en Entre Ríos y tantos otros. Con los años se fueron nucleando en tres colonias bien diferenciadas, las cuales se ubican respectivamente a cinco, diez y quince kilómetros del centro de la ciudad: la Santa Trinidad (conocida como “la 1”), la San José (“la 2”) y la Santa María (“la 3”). Sus habitantes se definen como alemanes, aunque hablan un dialecto modificado por influencias presumiblemente polacas y rusas. Defienden su identidad con orgullo y empecinamiento, intentan mantener vivas sus tradiciones y cada tanto organizan grandes fiestas en donde la gente disfruta indigestándose con sus sabrosos y pesados platos típicos. Como no podía ser de otra manera, todos en Coronel Suárez los conocen como “los rusos”.

Aunque algunos de ellos pueden trabajar o tener comercios fuera de las propias colonias, en general no están muy integrados al resto de la sociead suarence. No son pocos los habitantes de las colonias que a lo largo de todos estos años han formado familias con gente de Suárez, pero si se mudan a la ciudad no parece que mantengan mucho contacto con su colonia de origen. Al igual que en tantos otros ejemplos en que no se puede determinar si primero fue el huevo o la gallina, no se sabe si los rusos son mal vistos en Suárez porque no quieren salir del gueto, o no salen del gueto porque son mal vistos en la ciudad. Muchos “criollos” se siguen divirtiendo enumerando los apellidos rusos (“Schwab, Schwib, Schwob, Schwub”, suelen decir: como todos sabemos, en el interior el apellido no es un dato menor), imitan la tonada de los rusos hablando castellano y hasta procuran aprenderse algunos insultos en alemán. Por supuesto que todo esto nunca pasa del chismerío y el comentario por lo bajo de cualquier ciudad chica, que nadie salga corriendo a llamar al I.NA.D.I. A ningún suarence de ley se le ocurriría faltar a alguna de aquellas multitudinarias comilonas que se organizan en los clubes de las colonias para atragantarse de comida típica, por ejemplo. Y absolutamente todos los habitantes de la zona le tienen cariño al rescatado Sergio Denis, nacido como Héctor Hoffmann en una de las colonias alemanas.

Volvamos al partido, entonces. Como yo contaba ya con toda la información que hasta aquí he detallado, digamos que el mayor interés para estar presente en aquella gélida y poco soleada tarde de domingo en el estadio del Parque Alberdi era sociológico, digamos. No esperaba demasiado a nivel deportivo, aunque tampoco descartaba una sorpresa. Ya había comenzado a palpitar la fecha desde el día anterior comprando mi ejemplar del diario local El Nuevo Día (http://www.diarionuevodia.com.ar/) por la irrisoria suma de ¡tres pesos! ¡Tres mangos el diario del sábado! Me vieron la cara de porteño, seguro.

El campeonato venía muy peleado. El diario criticaba el flojo nivel del torneo, aunque destacaba el interés que despertaba el hecho de que tan sólo a dos fechas del cierre, la mayoría de los diez equipos en comepetencia en la zona B aún tenían chances matemáticas de acceder a uno de los cuatro lugares disponibles para pelear en el octogonal final con los cuatro mejores de la zona A (en esa otra zona juegan equipos de Pigüé, Puán y otras localidades cercanas). Cualquier similitud con la primera división de la A.F.A. no es coincidencia, desde ya. Hay que destacar también que en el regional de Suárez participan clubes locales llamdos Boca Juniors (paradójicamente, uno de los chicos de la zona), Independiente (el equipo grande de los rusos, “Impendiente” para ellos) y el Racing Club de Carhué, todos con vestimenta idéntica a sus homónimos porteños.

Llegamos con Evan con los equipos a punto de salir al campo de juego. Luego de abonar siete pesos por ambas entradas, comprobamos casi enseguida que habíamos entrado a la tribuna visitante. O mejor dicho, a la no-tribuna: al igual que en canchas del ascenso –por ejemplo, la de Defensores de Belgrano- frente a las plateas locales y al costado del field no hay tribuna alguna, sólo un espacio de unos quince metros de ancho entre el alambrado olímpico y el perimetral del club. Como tampoco hay cabeceras, la improvisada popular para los hinchas visitantes consiste en entrar directamente a esa franja de terreno con sus autos y camionetas. Todo el mundo tiene en Suárez un auto o una camioneta. Circunstancia que se aprovecha para que las señoras y los niños hallen algo de reparo cuando el frío aprieta demasiado, para seguir las alternativas de los otros partidos por la radio, y para sumar el ruido de las bocinas a los gritos de aliento o de gol.

El tema es que estábamos en terreno “enemigo”. Los rusos nos miraban con curiosidad. No sólo era evidente que no éramos de la colonia sino que además estaba claro que ni siquiera éramos de Suárez. Evan ya pasa por una porteña más. Justo en ese momento salió El Progreso a la cancha, y la hinchada explotó. No lo digo con ironía, los rusos estaban exaltadísimos. Serían en total menos de ochenta personas, pero no faltaron los papelitos, los gritos, ¡las bengalas! y las bocinas de los coches. Tampoco los trapos, en alemán algunos, como se puede apreciar en la foto. Como bien me anticipara Evan, casi todos comían semillas de girasol, compulsivamente diría, debido a los nervios del match.

Cuando Blanco y Negro salió a la cancha los rusos reaccionaron con indiferencia. No llegaron a los insultos –no todavía- aunque el clima tenso era patente. Yo noté enseguida que mi camiseta original ya era obsoleta: el modelo actual reemplaza los bastones negros sobre fondo blanco por una franja negra en diagonal. Imaginé que el club hacía como Banfield, que alterna camisetas con bastones y franjas sin ningún criterio conocido, pero ante mi requisitoria Evan respondió que para ella la camiseta con franja negra era una novedad absoluta. Noté incluso con disgusto que el arquero no tenía un buzo de otro diseño y color que lo distinguiera, sino que usaba la que era claramente la camiseta alternativa del equipo, negra con una franja blanca. No me gusta esa costumbre, el arquero no debe usar camiseta de jugador. No lo menosprecio en lo más mínimo, pero por algo el arquero es distinto. Debe entonces usar otra indumentaria.

La camiseta de El Progreso es idéntica a la de Godoy Cruz de Mendoza, finos bastones blancos sobre fondo azul Francia. Tampoco me gustó que los bastones poblaran únicamente el pecho de la prenda, dejando la espalda cubierta sólo por el número. No me gustan los modelos con asimetrías, salvo muy escasas excepciones. Sí se puede destacar el hecho de que los sponsors de ambos equipos eran discretos y no invasivos para los diseños. El de Blanco y Negro era de una empresa de productos para el agro, y una carnicería el de El Progreso. Si bien es una desgracia evidente para la estética la existencia de sponsors en las camisetas (dejo de lado la cuestión de la ética deportiva), es importante en todo caso que el sponsor sea sólo uno, sea el que fuere. Preferentemente, los colores corporativos del sponsor no deberían chocar con los de la camiseta auspiciada, o, en todo caso, deberían adaptarse. Los equipos que pueblan sus prendas con todo tipo de parches infames por sumas seguramente ridículas, convirtiendo a sus insignias en vulgares buzos antiflama de corredor de autos, no tienen ninguna dignidad y deberían ser desafiliados.

La cuestión era que el partido ya había empezado y nosotros no sabíamos cómo huir hacia la tribuna local. Además, quería observar con más detenimiento a los rusos, porque la verdad es que su comportamiento no tenía desperdicio. Se lo tomaban como la final del mundo. Gritaban alentando a los suyos, puteaban al réferi, y no tardaron mucho en burlarse de alguna pifia de los rivales. Lo hacían en castellano y también en ese alemán medio irreconocible. Y no entiendo cómo no se desgarran las mandíbulas de tanto mascar girasol. Un señor muy amable nos miraba medio de reojo algo confundido, y nos ofreció un lugar de privilegio junto al alambrado. Nos excusamos con cortesía y finalmente emprendimos el éxodo.

En la puerta por donde habíamos entrado nos comunicaron que si nuestra intención era llegar a la platea local, debíamos salir del club y dar prácticamente una vuelta manzana para acceder por una entrada de la cual ni Evan tenía noticias. Sólo en ese momento el ¿boletero? nos entregó nuestros tickets. Como no podía ser de otra manera, mientras dábamos toooooda la vuelta se abrió el marcador. Gol de los rusos. Lo gritaron con el alma, arreciaron las bocinas y volaron más papelitos. Uh, todo mal. Menos de diez minutos y ya vamos perdiendo.

Llegamos finalmente donde los locales. Como decía antes, la platea que hace que a esta cancha se la pueda llamar estadio es una construcción sencilla y prolijita, con escalones de cemento y techo de zinc, no muy ancha pero sí bastante alta. En el frente del techo, presidiendo las instalaciones se eleva un cartel de chapa con el nombre del club. Debajo de la tribuna están los vestuarios con su acceso al campo de juego, y en la parte más baja de la tribuna, sobre una tarima de madera, se colocan las cámaras de TV del canal local y los relatores de radio. El ambiente era mucho menos exaltado que del lado de los germano-eslavos, y no sólo por el trámite desfavorable del partido. Muchas familias, socios y deportistas del club. Chicos, adolescentes y jóvenes, algunos con buzos o remeras deportivas representativos de la institución, otros bastante mayores con gorritos de lana de “Blanquinegro”, como le dicen con cariñosa dejadez.

Nos sentamos a ver el partido con algo más de tranquilidad. Las caras de los espectadores eran de preocupación, excepto las de la “barra brava”: un grupo de unos diez chicos de no más de doce años, que agitaban banderas de tamaño considerable y hasta le daban con ganas a un par de bombos. Un comercial de “no a la violencia” podría haber sido, sólo que el vocabulario de los niños era por demás soez. Seguramente aprovechaban para decir en la cancha las barbaridades que los padres les prohiben decir en la casa. (Se nota que estoy viejo, ¿habrá padres que les prohiban decir malas palabras a sus hijos?).

Blanco y Negro atacaba procurando empatar, pero daba la impresión de que El Progreso lo tenía mucho más fácil. Parecía que los tímidos intentos locales no podrían superar la rústica pero segura defensa de los rusos. Noté que varios de los jugadores de Blancoy Negro parecían sacados de un casting de La novicia rebelde, el musical. Después revisé las alineaciones en el diario y noté que había numerosos apellidos alemanes. No sé entonces quiénes eran más rusos. Pero hay que recordar también que esta liga regional es profesional, así que imagino que debe estar lleno de peseteros a los que ya no les importa a quién representan. Aunque sea por el pancho y la coca.

Blanco y Negro dependía demasiado de su enganche, el número 10 argentino clásico: habilidoso, pachorriento, de ribetes metrosexuales, intrascendente y pecho frío. Un rubiecito de pelo crecido. Trataba de desbordar por los costados gambeteando, pero no hacía más que barullo hasta perderla. Jamás intentó una asistencia magistral para algún compañero. Por el lado del Progreso tampoco había mucho más. Se destacaba su columna vertebral: el 2 que la revoleaba, el 5 que corría y pegaba y el 9 que la aguantaba, se peleaba con los centrales rivales y esperaba el error para hacer su negocio. Así vino el segundo gol visitante, a la media hora del primer tiempo, más o menos. Otro estallido del público de la colonia y mucho fastidio entre los locales. Algunos pocos se dejaron ganar por el malhumor y empezaron a responder las cargadas de la tribuna de enfrente con insultos y burlas. Los clásicos e infaltables “equipo chico”, “ganen un campeonato”, “la vuelta no la dan más”. Y el más festejado por la correcta parcialidad albinegra: “aprendan a hablar, animales del Volga”, imaginativo y xenófobo juego de palabras con “alemanes del Volga”. Las risas vinieron bien para distraernos un poco del frío espantoso de la tarde, que empezaba a ganar nuestras humanidades a causa del persistente viento suarence y por el contacto de nuestras porteñas nalgas con el frío cemento tribunero.

Final del primer tiempo, los jugadores al descanso y nosotros a conseguir algún brebaje caliente. Deberíamos haber llevado el termo y el mate. Porque a lo que ofrecían en el puesto ubicado al costado de la tribuna costaba mucho llamarlo “café”. Un pesito, nada más Al menos, tuvieron la precaución de ponerle mucha azúcar, para disimular. El amarronado líquido no duró caliente más de un minuto y medio. La mitad generosa del vaso fue a parar al tacho. Ni para combatir el frío, servía ya. El otro hit del buffet eran los paquetes de semillas de girasol (dos pesitos), con lo cual quedó claro que no es una costumbre ésta exclusiva de las colonias. Mirando con más atención noté que todos los pisos de la tribuna estaban llenos de las cáscaras, especialmente el banco de suplentes local.

El entretiempo nos pareció corto, porque como se respetaron los quince minutos reglamentarios, por comparación con la media hora larga de los partidos de primera pareció un parpadeo. Los equipos otra vez a la cancha y enseguida a jugar. Esta vez no subimos a la tribuna, nos quedamos paraditos contra el alambrado, justo detrás del banco. Un par de jugadores golpeados debieron ser reemplazados. Se quedaron viendo el partido a un costado, sacándose botines, canilleras, vendas y medias para exhibir unas extremidades hinchadas y doloridas. El DT les ordenó abrigarse, pero no le prestaron la menor atención. Se quedaron tirados ahí, sobreactuando un poco su frustración. Todos en el banco le reclamaban al árbitro, aunque no con demasiada vehemencia. Sé por experiencia en torneos de oficina que los pobres réferis siempre se llevan la peor parte, no importa cuán ridículo sea lo que esté en juego. Siempre son los culpables de todo. En este caso, el colegiado se animó a sacar una roja directa a un defensor de Blanco y Negro, lo cual hundió definitivamente toda esperanza de alcanzar una igualdad.

No había mucho más que ver. Faltaba poco para el final del match, y ya estaba casi todo dicho. Los chicos no tenían muchas más fuerzas para darle a los bombos, mientras que los de la colonia festejaban con locura, seguros de la victoria. Emprendimos la retirada a nuestro cálido albergue, seguros de encontrar un mate siempre listo, rico y caliente. Bueno, no tan caliente. Mientras nos íbamos alcanzamos a escuchar los festejos de otro gol, seguramente el tercero de los rusos, como para que su fiesta fuera completa. No importaba, el resultado era lo de menos. El nivel de juego no superó nunca el que se puede encontrar quizás en la liga bancaria, pero eso tampoco era lo relevante. El verdadero objetivo estaba cumplido. Había ido a la cancha para ver en vivo al glorioso Blanco y Negro, multicampeón de Coronel Suárez. Puro fútbol. Los de primera son todos caretas. O todos putos.

sábado, 11 de agosto de 2007

Vuelve


Es un poco difícil entender el lunfardo chileno del diario La Cuarta, pero parece que están contentos. Les garantizo octavos de final del mundial 2010, ganando más de un partido (no ganan en un mundial desde 1962, justamente de locales). Ésto se pone bueno. El lunes, presentación oficial, y quizás, primera clase magistral. Aquellas conferencias de prensa...

miércoles, 8 de agosto de 2007

¿Vuelve la alegría, vuelve el fútbol?


Por lo que dice esta nota de La Nación, y por mucho más. Algún día, además, va a volver a dirigir a la Argentina. Mientras tanto, que Chile nos haga tres.

miércoles, 20 de junio de 2007

¡Qué bellezas!



Flamantes, de Escocia y el Manchester City.

viernes, 26 de enero de 2007

Alta costura

Convencidos de que la crisis económica se acabó y de que ya es tiempo de disfrutar un poco -antes de que sobrevenga la próxima mega devaluación/indexación/confiscación/hiperinflación/licuación- en la Argentina asistimos a un nuevo boom del consumo, que según algunos consultores (nota mental: ¡qué bueno que sería tener una empresa consultora, de cualquier cosa!) ya supera los mejores niveles de la época de la convertibilidad. Inútil es tratar de desentrañar aquí si ese consumo es privilegio de unos pocos. Lo que sí es seguro es de que es la obesesión de casi todos.

En un segmento bastante especial de bienes de consumo, el de la ropa deportiva en general y las camisetas de fútbol en particular, los precios en el mercado local se han ido emparejando lenta pero sostenidamente a los del internacional. La tendencia liderada por las marcas más famosas, que se inició en los años 90 y sólo tuvo una breve pausa en 2002, fue arrastrando a su vez a las marcas más pequeñas.

Por ejemplo, la nueva y muy linda camiseta de Racing provista por Nike, que a partir del lunes se podrá conseguir en cualquier casa de deportes, saldrá a la venta al extorsivo precio de 189 pesos. Una suma muy parecida a lo que se podría pagar en este mismo momento en Italia por la casaca de la Juventus, de oferta en el sitio oficial del equipo a "sólo" 55 euros. La comparación vale además porque, a excepción del color de los bastones, esas dos camisetas son exactamente iguales en diseño, tela y marca.

Otro ejemplo ilustrativo: para el mundial de 2002 y luego de una devaluación del 300%, la camiseta Adidas de la selección argentina se conseguía por unos 60 pesos. Un año después y en liquidación, salía entre 65 y 70 (única liquidación de la historia más cara que el precio original), ya con el dólar estabilizado en el actual "3 a 1". Finalmente, el modelo del mundial 2006 sale 120 en tela "clima-cool" y cerca de 200 en tela "formotion" (que se supone que es la que realmente usan los jugadores, aunque nunca se sabe...).

Del mismo modo, marcas argentinas tradicionales como Topper o más nuevas como Mitre, Dana o Sport 2000 (estas últimas de fuerte presencia entre los equipos del ascenso) o incluso brasileñas como Penalty y alemanas como Reusch, han duplicado o triplicado sus precios: cualquier camiseta que hace unos años costaba 40 pesos ahora sale no menos de 80. Aún no se percibe cuál puede ser el techo de estos aumentos.

Y sin embargo los resultados están a la vista: cada vez se venden más camisetas. Claro, las truchas se llevan su tajada, pero las oficiales ganan por escándalo. Explicaciones para este fenómeno hay muchísimas, y no vale la pena tratarlas aquí y ahora. Pero para quien tenga algo de tiempo para perder en internet, le sugiero que busque un poco de todo lo que se puede conseguir en materia de camisetas de fútbol en sitios de otros países, ya sea oficiales, con licencia o truchos. Y no todo se trata de comprar y vender: hay quienes se dedican a analizar por amor al arte los extraños y desconocidos motivos que llevaron a la selección inglesa a cambiar en 1981 el modelo de su camiseta sin actualizar de igual modo el modelo de medias... ¡tardando casi un año en hacerlo! Un verdadero escándalo.

Todos aquellos que -como en mi caso- se desviven muy especialmente por los modelos retro pueden llegar a encontrarse con cosas que ni se sospechan, por las cuales deberíamos pagar cientos de euros si quisiéramos comprar. Pero así y todo el ejercicio es divertido, y hasta se puede aprender mucho acerca de diseño de indumentaria, de sociología de masas al paso y del increíblemente rentable negocio del marketing deportivo.

Algunas imágenes de camisetas retro europeas: ¡ay, quién pudiera encontrarse en un depósito inglés de la marca Admiral! O Le Coq Sportif. O Umbro. O Adidas. Cualquiera, bah. Para ver algunas nacionales, pueden darse una vueltita por mercadolibre.com.ar y ver a los guachos que consiguieron alguna camiseta Uribarri o Sportlandia de algún equipo de los 70 y ahora te piden 200 o 300 pesos por ellas. Hay gente que -a no dudarlo- está haciendo un montón de guita con esa "changuita".

Por supuesto que varias de las fotos son de camisetas del Tottenham Hotspur, que actualmente marcha en una triunfal novena posición en la Premier League . ¡Come on you, Spurs, come on you Spurs!














viernes, 26 de mayo de 2006

100 años de Defensores de Belgrano


Sería un atrevimiento que me considerase un hincha de Defe. Apenas un simpatizante. Pero, al fin y al cabo, soy bisnieto de uno de los socios fundadores, así que vale este pequeño homenaje.

Por eso y por algunos recuerdos de la infancia. Aprendí a nadar en las hermosas piletas de Defe, con unos vestuarios que me parecían un lujo (¡tenían compartimientos individuales para cambiarse!). A la cancha me llevó algunas veces mi abuelo, que ya había intentado hacerme de River llevándome al Monumental toda la campaña 1979, pero fracasó estrepitosamente. También un recuerdo de aquellos años del infierno de Racing en la B, un partido en el Cilindro en 1984, con Racing haciendo lo imposible para no perder de vista al Deportivo Español que se escapaba irremediablemente en la punta y Defe jugando tranquilo, enloqueciéndonos con los desbordes y un golazo al ángulo de Walter Fernández, quien al año siguiente pasaría a Racing y nos regalaría muy buenas actuaciones, además de la Supercopa. Aquel partido lo dio vuelta Racing, sufriendo mucho y ganando 2 a 1, pero nada de ascenso esa temporada. Faltaba otro largo año.

Incluso, una pequeña traición. En 1992, Defe bajó a la C y debió enfrentar a Excursionistas, el clásico rival del Bajo. Y mi viejo quiso ir a la cancha conmigo, pero a la tribuna de Excursio, porque mi otro abuelo, su viejo, a quien no llegué a conocer, era del Verde. Fue un partidazo, ganó Excursio 3 a 1, y reconozco que grité los goles. Cómo no hacerlo, en esa tribuna de enloquecidos.

Supongo que ese desliz fue perdonado. Me alegré cuando Defe subió a la B, y después al Nacional. Si en la AFA no hubiera joda, el año pasado habría bajado el desagradable Chacarita de Barrionuevo, y no Defe otra vez a la B. Este año el ascenso se escapó por poco. Así que vamos Defe, que hay que volver al Nacional.

viernes, 12 de mayo de 2006

El Cholo




Tres momentos, ilustrados por las fotos.

Copa América de 1999. Las estrellas argentinas que juegan en Europa alegan cansancio, stress, jet-lag, lesiones en fiestas, y se niegan a jugar para la selección. Marcelo Bielsa no chista, y arma un equipo basado en el Boca de Bianchi que bate todos los records. Y con el Cholo Simeone. Él sí que viene de Europa. Cómo no va a venir.
Partido debut contra Ecuador. Van pocos minutos y hay corner para Argentina. Un centro pasado, y el Cholo, que venía lanzado como una tromba, se eleva y conecta un furibundo cabezazo, de pique, inatajable. Golazo. El Cholo lo grita como si fuera la final del mundo. Es el mensaje del capitán.

Fines de 2004. El Cholo planea su retiro. Podría hacerlo en Europa, en el Aleti, en la Lazio, en el Inter, en donde conquistó títulos y la idolatría de los hinchas. Pero no, él es de Racing, dijo que se quería retirar en la Academia, en donde nunca jugó, y eso es lo que va a hacer. Viene, juega bastante bien, hace un par de goles, no sale campeón por poco. Habría salido si hubiese venido a River o Boca, como Francescoli, Gallardo, Balbo. O si se quedaba en Qatar, como el Bati. Pero no, él vino a Racing, y en Racing las películas rara vez terminan bien.

Mediados de 2006. Se tuvo que retirar antes de lo previsto. Su segundo campeonato fue más flojo, algunos atrevidos se animan a chiflarlo. El equipo cae en picada, se come a varios técnicos. ¿Quién agarra la papa caliente? El Cholo. Debuta como técnico, y nada parece cambiar. El equipo sigue perdiendo, amenaza la promoción. Pero algo cambia. El Cholo puso a los pibes de las inferiores, los que salieron campeones con la cuarta. Y de repente, cuatro victorias al hilo, con el arco invicto. Eso, en el fútbol argentino de hoy, tan imprevisible e histérico, es un milagro. Pero igual se va a tener que ir. Cambio de manos en la empresa Blanquiceleste S.A., gerenciadora del fútbol de la asociación civil Racing Club.

Se va por la puerta grande, y no importa el partido de esta noche. Habría que despedirlo como se lo merece. Un partido en la cancha de Racing, contra la Selección. Un tiempo para cada uno, y lo que se recaudare por la venta de entradas (cuyo precio no debería ser de $ 100 la general, para que la pelota no se manche), quedaría para el club o para beneficiencia.