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viernes, 7 de diciembre de 2007

Las otras marcas: Le Coq Sportif (parte III y final)


Le Coq Sportif en la Argentina

La historia de la marca en nuestro país está íntimamente ligada a la de la malograda empresa de textiles y calzados Gatic SA. Fundada como un simple taller textil por Eduardo Bakchellian en 1953, Gatic negoció y obtuvo en los primeros años de la década del 70 los derechos de producción y comercialización de la marca Adidas. Siguiendo una trayectoria similar a la de su matriz, Gatic tuvo un crecimiento espectacular en los años siguientes, aunque en una posición peligrosamente vulnerable a las repetidas crisis económicas argentinas. Con el correr de los años Gatic fue subiendo la apuesta, construyendo plantas industriales de última generación y con los más altos estándares de calidad en las ciudades bonaerenses de San Martín, Pilar, Brandsen, Pigüé, Coronel Suárez y Las Flores, y también en la provincia de La Rioja. Sumó además las licencias para producir Le Coq Sportif, New Balance, Arena y LA Gear, entre otras, además de crear marcas propias como Envión y Tiempo Libre.

La primera noticia importante que tuvo el público argentino de Le Coq Sportif fue cuando en septiembre de 1979 el seleccionado de fútbol juega su primer partido con indumentaria de la marca, reemplazando a la habitual Adidas. La Asociación del Fútbol Argentino negociaba los contratos directamente con Gatic, por eso es presumible que el reemplazo de una marca por otra haya sido con la intención de fortalecer la novedosa presencia de Le Coq en el país.

Con la vestimenta de la marca francesa el seleccionado de la Argentina jugó dos mundiales realmente inolvidables, por motivos diametralmente opuestos. Puede que suene como un despropósito mezclar dos esferas tan diferentes (por la dimensión verdaderamente trágica de una de ellas), pero en 1982 el público argentino presenció a través de las pantallas de sus flamantes televisores a color dos derrotas que dejaron a la sociedad sumida en una de sus recurrentes y desoladoras sensaciones de fracaso colectivo: la bélica en las islas Malvinas y la futbolística en el mundial de España. En cierto modo, el notable tercer puesto obtenido por el seleccionado de vóley en el mundial de la especialidad disputado aquí mismo es emismo año puede que haya servido como mínimo consuelo a tanta amargura. El muy recordado equipo de Daniel Castellani, Hugo Conte y Jon Uriarte también utilizó indumentaria de Le Coq Sportif.

El otro mundial de fútbol de la mano del gallito fue seguramente la máxima conquista de un equipo nacional. Por supuesto que hablamos del inolvidable México ´86, el mundial del suplicio de la clasificación previa, el de la larguísima gira previa y concentración del plantel en medio de las más feroces críticas al cuerpo técnico, el de las actuaciones cada vez más sólidas, el de las hazañas de Maradona y el de la coronación luego de una final para el infarto contra la fiera tradición futbolística alemana. Fue también el mundial que convirtió a aquellas hermosas camisetas Le Coq en inhallables piezas de colección. El que tuvo la particularidad de obligar al equipo argentino a jugar dos veces seguidas con su camiseta alternativa. Y como no se había previsto tal contingencia, antes del partido contra Inglaterra los utileros debieron salir a comprar camisetas azules genéricas Le Coq en los negocios del DF y coserles a mano los escudos de AFA, porque la mayoría de las camisetas azules utilizadas contra Uruguay habían sido intercambiadas o regaladas por los jugadores. Por eso las inconfundibles casacas brillosas con números plateados del partido de cuartos de final, las de la “mano de Dios” y el pase gol del Negro Enrique.

La relación de Le Coq Sportif con el seleccionado nacional duró hasta 1989, cuando se decidió que el equipo volviera a vestir Adidas. El mundial de Italia estaba próximo y la batalla global de las marcas posiblemente haya obligado a esta decisión. Así y todo, en aquellos años Le Coq también tuvo tiempo de conquistar para siempre el corazón de los hinchas de Independiente (y el de todos los que apreciamos los lindos diseños), aportándole al club su recordada casaca con el auspicio de Mita, con la cual obtuvieron la Liguilla Pre-Libertadores de 1987 que le permitió jugar al Rojo la Copa del año siguiente.

Más allá del fútbol, Le Coq Sportif logró en los años 80 un excelente posicionamiento dentro del mercado argentino. De la mano de Gatic, que llegó incluso a ser dueña de sus propias cadenas de tiendas minoristas de ropa y calzado deportivos (como por ejemplo, Show Sport), los productos de la marca francesa tuvieron muy buenos niveles de ventas. Sus famosas zapatillas ochentosas continúan siendo muy recordadas por los nostálgicos y los amantes de los diseños retro.

Siguiendo el derrotero de su matriz francesa –aunque por causas bien distintas- la década del 90 fue el comienzo del derrumbe, tanto para Le Coq Sportif en la Argentina como para todo el grupo Gatic. Mucho se ha escrito en los medios masivos acerca del colapso de este gigante, uno de los tantos ejemplos del fracaso de las políticas industrialistas en la Argentina. A esa infinidad de artículos seguramente les falta una dosis adecuada de distancia y objetividad, algo difícil de encontrar cuando lo más sencillo es aprovecharse de la desesperación de quienes se quedan sin trabajo. Eduardo Bakchellian escribió y publicó en 2001 su libro autobiográfico El error de ser argentino. Allí cuenta su versión de los hechos. No vamos a juzgar aquí el grado de credibilidad de su relato de la caída de Gatic, salpicada incluso por ciertos escándalos familiares que pudieron haber influido de manera decisiva en el proceso. Lo que sí es indudable es que Gatic pretendió diferenciarse de la mayoría de los grupos industriales argentinos, los cuales siempre han aprovechado (¿aprovechan?) los períodos de economía cerrada y subsidiada para venderle a los consumidores productos de pésima calidad a un precio abusivo para luego, en los períodos de apertura, limitarse a vender sus fábricas o bien cerrar todo y ponerse a importar porquerías. Gatic, por su parte, se preparó para hacerle frente a la imprescindible apertura y desregulación de la economía que se dio en toda la región del Cono Sur en la década pasada apostando a producir más y respetando los estándares de calidad que le exigían las matrices de las marcas que el grupo representaba. Si su apuesta fue honesta, si sus estrategias fueron erróneas, si no pudo reaccionar a tiempo, si fue la dinámica extraña e imprevisible de la política argentina o una combinación de todo lo anterior lo que hizo fracasar el proyecto, eso es materia de una larga polémica.

Lo cierto es que luego de 1995, con la debacle financiera originada por el “efecto tequila”, el debilitamiento de los países emergentes tras el default ruso y la inevitable devaluación brasileña, mientras la Argentina continuaba aferrándose a la convertibilidad y debilitándose en todos los frentes Gatic entró en una fase terminal de su crisis que culminó a la par del estallido político de diciembre de 2001. El 31 de diciembre de ese año Gatic cerraba plantas, suspendía personal, dejaba impaga una deuda varias veces millonaria con los bancos Nación y Provincia de Buenos Aires y, como cereza del postre, perdía la licencia de Adidas.

Sin embargo, Gatic aún mantuvo por algún tiempo más la licencia de Le Coq Sportif y de otras marcas. Pero mientras que en 2002 empezaba una etapa radicalmente diferente –y no menos dramática- para el país, Gatic entró en un interminable proceso judicial signado por los fuertes reclamos de todos los sectores perjudicados o interesados en el asunto. Mientras que grupos de trabajadores se unían en cooperativas e intentaban lograr la propiedad legal de las distintas plantas para su autogestión, otros grupos empresarios acercaban todo tipo de propuestas de compra y arrendamiento, a la vez que la propia familia Bakchellian, con todos sus conflictos a cuestas, intentaba preservar su patrimonio.

Los resultados de todo este proceso han sido variados. Mientras que algunas plantas permanecen cerradas y la de Pigüé funciona en manos de una cooperativa de trabajadores, las plantas de Coronel Suárez, Las Flores y Pilar fueron compradas en 2004 a un precio muy conveniente (12,5 millones de pesos) por Guillermo Gotelli, un polémico ex ejecutivo de Alpargatas. La nueva empresa –llamada Indular SA- comenzó rescatando la marca Signia y adquiriendo la licencia de Pony, produciendo muy por debajo de la capacidad instalada de las fábricas. A principios de 2007, finalmente, Indular fue vendida al gigante brasileño Grendene, competidor directo de Camargo Correa, poderoso grupo que en la Argentina ya se quedó con Loma Negra y Alpargatas, tradicional competidor de Gatic con su marca Topper y antiguo licenciatario de Nike. Grendene destinará las plantas mayormente a la producción y exportación de la marca Reebok, además de conservar las otras licencias. El precio de venta de Indular fue de nada menos que 20 millones… de dólares. Saquen sus cuentas.

Pero Le Coq Sportif ya había cambiado de licenciatario. En 2004 la representación argentina de la firma francesa pasó a manos de la empresa Distrinando, radicada en la localidad bonaerense de Saladillo. Desde entonces, los nuevos responsables han comenzado lentamente a recuperar la presencia de la marca en el mercado argentino, partiendo desde una posición realmente muy comprometida. En estos últimos años, lo más visible han sido las diferentes líneas de calzado deportivo de Le Coq, acompañando en cierto modo el propio relanzamiento de la marca en los países centrales. Finalmente, como hecho auspicioso a destacar, no podemos dejar de mencionar la importante presencia de Le Coq Sportif en el reciente match de Copa Davis frente a Suecia, en el estadio del Parque Roca. Allí, los responsables locales de la marca presentaron un muy agradable stand promocional, el cual contó además con el aporte de los socios de la AACCF para exhibir algunas camisetas de fútbol históricas de Le Coq, verdaderas piezas de colección que representan fielmente la herencia y la importancia histórica de la marca. Una manera inmejorable de reafirmar que Le Coq Sportif no sólo es dueña de una parte importante de nuestra historia futbolística, sino que también -tal es nuestro deseo- de su futuro.

3 comentarios:

Arte y Sport dijo...

Terminé, este post me costó un montón, pero creo que quedo bien. Espero que rinda sus frutos...

Junior dijo...

muy interessante seu blog, te convido para conhecer o meu

erojkit.blogspot.com

Anónimo dijo...

EL SELECCIONADO ARGENTINO ALBICELESTE (AFA)OCHENTOSO
SPONSOR TECNICO LE COQ SPORTIF
1980 - 1989.
EL SELECCIONADO ARGENTINO DE
VOLEIBOL (FEVA).
SPONSOR TECNICO LE COQ SPORTIF
1983.