
Creo que eso era lo que decía Maxwell Smart cuando algún malo saltaba por una ventana, y aunque éste siempre esperaba amortiguar su caída con algún toldo o algo similar, invariablemente terminaba errando en sus cálculos y haciéndose bosta contra el piso.
Esto viene a cuento de 1984, la novela de Orwell que leí hace un año aproximadamente, y que ahora está leyendo Evan. En lo que respecta a Iberoamérica, Orwell también falló, no sé si por poquito, quizás por unos treinta años, que al fin de cuentas es muy poco en términos históricos.
Sin ánimo de exagerar, algunos hechos de los últimos días me hacen pensar en ciertos aspectos de la distopía orwelliana. El Gran Hermano Chávez no sólo te vigila, también te expropia, te nacionaliza y te socializa. No obstante, encuentra gracias a un "afamado" académico alemán (link a entrevista en perfil.com) una justificación ridícula y arcaica de su autoritarismo y sus políticas retrógradas, como para que las mentes biempensantes de las izquierdas de aquí y allá puedan dormir tranquilas (y seguir escribiendo en el Dipló).
Luego está su aprendiz ecuatoriano, tan buen vecino él, que no duda en cargarse al Congreso con tal de imponer una nueva Asamblea constituyente, tal cual lo hiciera ya Evo Morales en Bolivia (con métodos más democráticos, valga la aclaración, pero con la posible secesión del país o una guerra civil como primer resultado evidente). Como siempre en este continente, cuando no se sabe cómo arreglar el desastre lo mejor parecen ser las "refundaciones". O, al menos, nuevos tratados, pactos, leyes, todo tipo de papeles repletos de palabras muertas. Que suenan muy bien a los oídos de quienes sueñan con la "unión de los pueblos latinoamericanos". Puro voluntarismo estéril. Y para peor, el autoritarismo del siglo XXI viene con disfraz libertario de izquierda.
Finalemente, aquí en la Argentina el GHK se inspira en Orwell para su política comunicacional. No importa que todos sepamos (lo sentimos en el bolsillo) que la inflación es mucho más del 9,8% anual oficial. Lo que se hace no es remediar la política que lleva a esos resultados, sino matar al mensajero. Por eso echan a la funcionaria responsable de llevar la estadística inflacionaria, porque ella es tan competente que refleja la realidad en sus números, y al gobierno no le gustan esos números. Puede parecer medio filosófica la cuestión, pero los número son para el gobierno más importante que la realidad. Quizás hasta sean la realidad misma. Es decir, la realidad puede indicar una cosa, pero si el líder dice que en verdad la realidad es otra, en este caso particular, que la inflación es ínfima, pues así deberá ser, o directamente, así es. Y basta de discusiones, qué joder. Alcanza con ajustar los números.
Se nota que K lee mucho a los autores de auto-ayuda y no sólo a Orwell. Por eso es muy fácil ser rico y feliz en la Argentina. Basta con que el gobierno lo comunique oficialmente.
Un blog sobre camisetas de fútbol. Historia, diseño, marcas, novedades, curiosidades, rarezas. Arte y Sport.
miércoles, 31 de enero de 2007
"Falló por un tantito así"
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lunes, 29 de enero de 2007
Títulos

Para traducir títulos de películas originales en inglés, las distribuidoras para el mercado de habla hispana cuentan con el siguiente manual de estilo:
"No importa en absoluto el título original de una película, tan sólo elíjase un sustantivo cualquiera del primer grupo de palabras con un adjetivo al azar del segundo grupo:
atracción / obsesión / poder / juego / perversión /destrucción / efecto / peligro / muerte / relación / destino / amor
terminal / absoluto / fatal / total / desnudo / perverso / mortal / obsesivo / final / imposible / loco / eterno
Únicas observaciones:
- cuidarse de no utilizar un sustantivo con el adejtivo derivado de él. Ejemplo: Muerte mortal.
- se pueden utilizar los plurales.
- mantener la concordancia de género y número entre sustantivo y adjetivo. Ejemplo erróneo: *Destrucción peligrosos.
- se puede alterar el orden entre el sustantivo y el adejtivo.
En términos generales se pueden repetir los títulos de dos películas si la vieja fracasó y la nueva tuviere todas las posibilidades de hacerlo (opción más conocida como directo a video).
Eso es todo."
Próximo capítulo: acerca de la traducción de insultos.
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viernes, 26 de enero de 2007
Alta costura
Convencidos de que la crisis económica se acabó y de que ya es tiempo de disfrutar un poco -antes de que sobrevenga la próxima mega devaluación/indexación/confiscación/hiperinflación/licuación- en la Argentina asistimos a un nuevo boom del consumo, que según algunos consultores (nota mental: ¡qué bueno que sería tener una empresa consultora, de cualquier cosa!) ya supera los mejores niveles de la época de la convertibilidad. Inútil es tratar de desentrañar aquí si ese consumo es privilegio de unos pocos. Lo que sí es seguro es de que es la obesesión de casi todos.
En un segmento bastante especial de bienes de consumo, el de la ropa deportiva en general y las camisetas de fútbol en particular, los precios en el mercado local se han ido emparejando lenta pero sostenidamente a los del internacional. La tendencia liderada por las marcas más famosas, que se inició en los años 90 y sólo tuvo una breve pausa en 2002, fue arrastrando a su vez a las marcas más pequeñas.
Por ejemplo, la nueva y muy linda camiseta de Racing provista por Nike, que a partir del lunes se podrá conseguir en cualquier casa de deportes, saldrá a la venta al extorsivo precio de 189 pesos. Una suma muy parecida a lo que se podría pagar en este mismo momento en Italia por la casaca de la Juventus, de oferta en el sitio oficial del equipo a "sólo" 55 euros. La comparación vale además porque, a excepción del color de los bastones, esas dos camisetas son exactamente iguales en diseño, tela y marca.
Otro ejemplo ilustrativo: para el mundial de 2002 y luego de una devaluación del 300%, la camiseta Adidas de la selección argentina se conseguía por unos 60 pesos. Un año después y en liquidación, salía entre 65 y 70 (única liquidación de la historia más cara que el precio original), ya con el dólar estabilizado en el actual "3 a 1". Finalmente, el modelo del mundial 2006 sale 120 en tela "clima-cool" y cerca de 200 en tela "formotion" (que se supone que es la que realmente usan los jugadores, aunque nunca se sabe...).
Del mismo modo, marcas argentinas tradicionales como Topper o más nuevas como Mitre, Dana o Sport 2000 (estas últimas de fuerte presencia entre los equipos del ascenso) o incluso brasileñas como Penalty y alemanas como Reusch, han duplicado o triplicado sus precios: cualquier camiseta que hace unos años costaba 40 pesos ahora sale no menos de 80. Aún no se percibe cuál puede ser el techo de estos aumentos.
Y sin embargo los resultados están a la vista: cada vez se venden más camisetas. Claro, las truchas se llevan su tajada, pero las oficiales ganan por escándalo. Explicaciones para este fenómeno hay muchísimas, y no vale la pena tratarlas aquí y ahora. Pero para quien tenga algo de tiempo para perder en internet, le sugiero que busque un poco de todo lo que se puede conseguir en materia de camisetas de fútbol en sitios de otros países, ya sea oficiales, con licencia o truchos. Y no todo se trata de comprar y vender: hay quienes se dedican a analizar por amor al arte los extraños y desconocidos motivos que llevaron a la selección inglesa a cambiar en 1981 el modelo de su camiseta sin actualizar de igual modo el modelo de medias... ¡tardando casi un año en hacerlo! Un verdadero escándalo.
Todos aquellos que -como en mi caso- se desviven muy especialmente por los modelos retro pueden llegar a encontrarse con cosas que ni se sospechan, por las cuales deberíamos pagar cientos de euros si quisiéramos comprar. Pero así y todo el ejercicio es divertido, y hasta se puede aprender mucho acerca de diseño de indumentaria, de sociología de masas al paso y del increíblemente rentable negocio del marketing deportivo.
Algunas imágenes de camisetas retro europeas: ¡ay, quién pudiera encontrarse en un depósito inglés de la marca Admiral! O Le Coq Sportif. O Umbro. O Adidas. Cualquiera, bah. Para ver algunas nacionales, pueden darse una vueltita por mercadolibre.com.ar y ver a los guachos que consiguieron alguna camiseta Uribarri o Sportlandia de algún equipo de los 70 y ahora te piden 200 o 300 pesos por ellas. Hay gente que -a no dudarlo- está haciendo un montón de guita con esa "changuita".
Por supuesto que varias de las fotos son de camisetas del Tottenham Hotspur, que actualmente marcha en una triunfal novena posición en la Premier League . ¡Come on you, Spurs, come on you Spurs!










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viernes, 19 de enero de 2007
Comidas básicas

Acá va entonces un breve listado de mis preferidos para cada comida. Por supuesto que no es excluyente, y además me gustaría recibir sugerencias:
Pizza: “El palacio de la pizza”, Corrientes entre Maipú y Esmeralda (foto).
Empanadas: “La americana”, Callao y Bartolomé Mitre.
Hamburguesas, lomitos, panqueques: “El amanecer de Carlitos”, del Libertador frente al Carrefour de Vicente López.
Cualquier clase de sándwiches, todo lo que se pueda colocar entre dos panes de cualquier tipo: “Paulín”, Sarmiento y Florida. También lasagnas, ensaladas, guisos, jugos, todo lo de ahí es excelente.
Pastas: “Infragantti”, Álvarez Thomas y Maure.
Medialunas: “
Pastafrola: “La pastafrola”, Corrientes y Uruguay.
Pan dulce: “Plaza mayor”, Venezuela y San José.
Panchos: desierto; nunca encontré nada similar a los increíbles cachorros quentes que comí en los puestos callejeros de Salvador, Brasil.
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domingo, 14 de enero de 2007
Merengue y yo, y mi otro yo

Por una vez, y sólo por una vez, tengo algo que agradecerle al detestable Grupo Clarín: la edición de un libro que recopila algunos de los mejores dibujos y tiras de los historietistas Lino Palacio y Guillermo Divito. Éste último es uno de mis preferidos de los clásicos, y su tira El otro yo del Dr. Merengue, mi debilidad particular.
El mecanismo de la tira es tan sencillo como irresistible. En elegantes trazos negros y letras finas vemos cómo actúa y lo que dice el Dr. Merengue. En dibujos grises y gritonas letras gruesas, lo que realmente querría hacer y decir, su famoso "otro yo". Llama la atención aún hoy lo políticamente incorrecto de algunos de sus más inconfesables deseos, más aún sabiendo que el momento de gloria de este personaje fue en los años 40 y 50.
No hay muchos dibujos de Merengue en internet, apenas algo de información básica. Y además los viejos suplementos de la editorial de Divito, o el libro recopilatorio de Ediciones Record de 1992 son realmente difíciles de conseguir, por lo cual el libro de Clarín -el número 3 de la Nueva Biblioteca Clarín de la Historieta- y sobre todo Rico Tipo y las chicas de Divito, una excelente obra del especialista Pablo De Santis (de la editorial Espasa) resultan imprescindibles para quienes se quieran reir un rato o recordar a un dibujante que marcó una época.
Como yapa, en ese mismo libro sobre la Rico Tipo hay algunos dibujos de Calé, el genio de Buenos Aires en camiseta, de quien también hay un libro aparte, de Ediciones De la Flor.
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viernes, 12 de enero de 2007
Thank you, Mr. President

Ya no me acuerdo si lo dijo Woody Allen, Noam Chomsky o algún otro progre norteamericano de discurso divertido, pero es muy cierta la afirmación aquella que dice que el problema de los republicanos no es que sean perversos, corruptos, autoritarios o ultraconservadores, sino que son fundamentalmente idiotas.
En ese sentido, mi queja contra al gobierno de Bush no es la clásica diatriba escandalizada denunciando al "capitalismo salvaje" o al "imperialismo", sino que proviene de observar en términos más bien prácticos el estropicio que nuestro muchacho tejano deja al mundo como legado. La peor consecuencia de sus errores consiste en haber colocado a los EE.UU. en una posición de debilidad tal que varios líderes trasnochados del estilo de Kim Jong II, Mahmud Ahmadinejad o Hugo Chávez ya no le tienen casi ningún temor. Cada uno de estos locos envalentonados nos pueden llevar cualquier día de éstos al holocausto nuclear, a la teocracia fundamentalista o a la experiencia "bolivariana", la cual -no tan curiosamente, teniendo en cuenta los vientos que soplan- a unos cuantos argentinos pelotudos les resulta atractiva por demás.
No estaría de más entonces leer este artículo del siempre interesante y estrafalario Carlos Escudé, publicado en La Nación. Como para acordarnos de cómo empezó todo cuando Chávez se haya ido definitivamente al carajo.
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12:31 a. m.
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lunes, 8 de enero de 2007
Las dos canciones del año
No podía elegir entre las dos primeras canciones del último disco de Belle & Sebastian, así que You Tube! eligió por mí: sólo estaba ésta, "Another Sunny Day". La otra, "Act Of The Apostle", bájenla de algún lado.
Qué lindo grupo que son los Belle & Sebastian. A veces parecen los R.E.M. escoceses, con esas guitarritas arpegiadas, y esas melodías tan dulces.
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11:51 p. m.
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lunes, 1 de enero de 2007
Feliz año nuevo, desde Coronel Suárez

2006 fue un quilombo, pero estuvo bueno. Además, terminó mucho mejor de lo que empezó.
Este fin de año lo vine a pasar a la casa de la familia de Evan, en Suárez. La pasamos bárbaro. 
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viernes, 22 de diciembre de 2006
Sí a las papeleras
Otra vez (¡otra vez!) como en 1978 con el mundial, en 1982 con Malvinas o en 2001 y 2002 con el default, por poner apenas algunos ejemplos, creemos que todo el resto del mundo está equivocado, y que nosotros somos los únicos esclarecidos que tenemos la razón. No la tenemos.
Pero no se puede decir. Queda mal. Y que a nadie se le ocurra cuestionar a las "víctimas". Queda mucho peor.
Por suerte, todavía quedan algunos que se animan a decir eso que muchos ni siquiera se animan a pensar. Gracias al blog de Alejandro Rozitchner (post del 22/12/06) me enteré del caso de Eduardo Montes Bradley, el director de este documental del cual posteo estos tres anticipos.
Va a ser casi imposible que esta película se estrene en la Argentina, pero igual la quiero ver, no faltarán medios para hacerlo.
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viernes, 15 de diciembre de 2006
El disco del año
Todavía no preparé mi clásica lista de los diez discos preferidos del año. Pero sí sé que el mejor de 2006 fue Begin To Hope, de la cantante y pianista rusa Regina Spektor.
Un disco elegante, sensible, sofisticado. Austero en sus arreglos (en música, como en casi todo, menos siempre es más), predominantemente melancólico, con algunos momentos más intensos. Bellas melodías, algunas muy simples, otras más elaboradas, pero sin caer nunca en el virtuosismo gratuito o acrobático. Regina es pianista clásica, y sabe muy bien cuándo desatar su maestría, o cuándo contenerse y disimularla.
Este es el video de la primera canción del disco, un hit imbatible y también una delicadeza. No confundir con la sensiblería berreta de tanto cantante melódico que pulula por todos lados, como alguien (un músico, para peor) que osó comparar a Regina Spektor con Dido.
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miércoles, 13 de diciembre de 2006
Más de Joy Division
Dos de las más tremendas canciones de la banda, en vivo en la tele. Si este video les resulta impactante, no se pierdan la película 24 Hour Party People, de Michael Winterbottom. No pienso reproducir el título con el que se estrenó en la Argentina, es una vergüenza.
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martes, 12 de diciembre de 2006
Viejos mitos de la historia argentina
Hay algunas muy buenas razones por las cuales el éxito de los libros de historia de Pigna y Lanata me parece siniestro. Este artículo enviado por un lector de perfil.com al portal las explica muy bien. El que quiera aprender de historia que lea a Halperin Donghi, por ejemplo. Una sugerencia, nada más.
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viernes, 1 de diciembre de 2006
Festivales
Pasaron los festivales de noviembre, y valió la pena el esfuerzo y el gasto. Recitales de todo tipo, género, calidad e intensidad. Podría escribir largo y tendido acerca de muchas cosas:
- de la emotividad y la ingenuidad política de Patti Smith, quien no defraudó para nada musicalmente, pero no me resultó el huracán mítico que muchos afirman que es.
- de la actuación de taquito de los Beastie Boys, que me hizo reflexionar bastante acerca de los vicios y las virtudes del profesionalismo extremo.
- de las excelentes intenciones de los TV On The Radio, una banda con un potencial enorme que tuvo que lidiar con un volumen bajito, propio de quienes no tienen todavía un lugar destacado en la grilla festivalera.
- del atronador sonido de los Yeah Yeah Yeahs, con la loca esa de Karen O poniendo en práctica el manual del descontrol rockero sin caer en el ridículo, pese a todo.
- del asombroso show audiovisual de Daft Punk (sí, todos hablan de las luces, no importa, lo increíble era cómo sonaban dos tipos con máscaras –vaya uno a saber quiénes- pasando discos y remezclando en vivo: puro punk rock).
- de la vergüenza ajena que causaba escucharlo cantar a Ian Brown, sin guitarrista, para peor. No se lo perdono a él, ni a nadie: mitos y leyendas son las griegas, si no podés cantar no te subas a un escenario, por más Stone Roses que seas.
- de la muy correcta actuación de The Bravery, una banda que no creo que nunca pase del “aprobado con 7”, pero que fue un necesario antídoto contra el sonido perruno de Brown.
Pero pasa que no tengo tantas ganas de escribir, en realidad. Y además, de lo único de lo que tengo ganas de hablar realmente es de New Order.
Es muy extraña mi relación y mi historia personal con esta banda. Que además no es una banda, sino que en realidad son dos. En el breve lapso en que Joy Division plasmaba en formas sonoras absolutamente novedosas toda la furia y desolación que podía sentir un ser humano (a pesar de su muy rudimentaria técnica, o quizás justamente por ello), acá se escuchaban cosas perimidas como el rock progresivo, y yo además era muy chico. Unos años después podría haberlo aprovechado a Luca Prodan, el primer iluminado que trajo el sonido de Joy Division para cuatro o cinco enfermos del Café Einstein, pero tampoco: como casi todo el mundo, me enteré de quién era Luca el día en que se murió.
Ya bien entrados los ´80 podría haber disfrutado de las canciones de New Order en cualquier boliche, cuando la banda estaba en la cima de su inspiración y popularidad. Pero yo iba poco a bailar, y cuando lo hacía, todo lo que sonara medianamente electrónico (aún una canción tan perfecta –¿la más perfecta?- como “Bizarre Love Triangle”) me fastidiaba.
Cuando empecé a escuchar música más en serio ya eran los ´90, y fue aquel el momento de la actualización de los ´60, es decir, grunge, sónica y brit pop. Todavía faltaba para el revival tardo-setentista y temprano-ochentista. Pero fue también el momento de acceder a revistas extranjeras, tan superiores a cualquiera de acá. Con las revistas inglesas entendí lo que significa culturalmente el rock para ellos. Con la española Rockdelux pude leer las palabras más hermosas para los discos más hermosos. Alcanza con leer artículos como los dedicados a The Queen Is Dead o Automatic For The People para sentir la urgencia física de escuchar esas obras. Así fue que en algún momento de 1998, justo antes de viajar al mundial de Francia, cayó en mis manos un número de la Rockdelux que le dedicaba su sección “Revisión” a una banda llamada Joy Division. Y como no podía ser de otra manera, esas palabras fueron como un encantamiento. De alguna de las decenas de disquerías que visitamos en Londres me traje el compilado Substance. Apenas diecisiete canciones, no quería ninguna de las otras preciosas cajas compilatorias que se podían conseguir a buen precio. Quería ir con prudencia. Lo bien que hice.
No fue amor a primera escucha, ni mucho menos. Me daba cuenta de que ahí había algo importante, pero no estaba a punto. Deben haber pasado quizás dos años más hasta que la fascinación fue total. Así y todo, nunca escuché ninguna otra canción que no fuera alguna de esas del compilado. Para qué más, pensaba, mejor no podría ser.
A esa altura había sido inevitable caer en la cuenta (¡al fin!) de que New Order eran los mismos tipos de Joy Division sin Ian Curtis, que se había ahorcado. Pero más allá de “Temptation” en la banda de sonido de Trainspotting, seguía sin darles bola. Hasta que en 2001 salió Get Ready, y ese disco sí lo compré, no recuerdo bien por qué (¿por la tapa en la Inrockuptibles?). Un trabajo apenas correcto, pero con una canción de apertura que está a la altura de lo mejor del grupo, “Crystal”. Entonces le llegó el turno al consabido compilado de New Order, que ni siquiera lo tengo original (en ese entonces todavía me importaba esa cuestión, aún no me había “digitalizado”). Y pasó lo mismo que con el de Joy Division pero a mayor velocidad, fue fascinación instantánea por esas canciones que conocía de algún boliche o de la radio, pero que para mí eran absolutamente nuevas. Y no podía creer que New Order fuera la misma banda que Joy Division, cuando con un poco de oído alcanza para entender que sí, que es la misma base musical –sobre todo rítmica- pero con una actitud muy diferente. Podría llamarla “melancolía fiestera”, eso que también hacen a su modo los Pet Shop Boys.
Vi luego el DVD de 2002, en vivo en el Finsbury Park de Londres. New Order volvía a tocar canciones de Joy Division después de años de negarse a hacerlo, y no importaba tanto que la voz de Barney Sumner –tan estúpidamente irresistible, como su propia figura- tenga poco que ver con los sonidos de ultratumba que profería Ian Curtis. Cuál es el problema, si siguen siendo ellos. A ellos sí les perdono lo que a ningún otro “dinosaurio” (y a R.E.M., por supuesto, cómo que no). Es que ellos son distintos. Se lo apreciaba en ese DVD, y se lo vio acá también. No hay nada que hacer en un recital de New Order, más que escuchar y bailar como un poseído. No hay nada especial para ver, en el sentido que se les suele adjudicar a los shows en estadios de las "grandes bandas". Sumner es un aparato, Peter Hook juega al punk rocker y a veces le sale bien. Eso es todo.
Mucho se ha dicho acerca de las limitaciones de New Order arriba de un escenario, y el video que acompaña esta entrada es una buena prueba de ello. Y eso tampoco importa, porque ellos tienen la actitud que hay que tener, y en un recital de New Order lo único que importa es que ellos están tocando sus canciones, esas canciones. ¿Qué las diferencia de cualquier otra canción de otras grandes bandas de rock, pop o electrónica? Lo único que se me ocurre decir es que cada canción de estos tipos son a la vez rock, pop y electrónica. Lo mejor de cada uno de esos géneros.
Quizás mis argumentos sean poco convincentes, o bastante confusos. Pero finalmente voy a tener que caer en uno de los lugares comunes que más detesto: no se puede explicar del todo bien con palabras lo que fue el increíble recital de New Order en el Club Ciudad. Fue básicamente como en el DVD, aunque faltó "She´s Lost Control" para que la fiesta (mi fiesta) fuera completa. Pero para qué quejarse si tocaron “Transmission”, “Crystal”, “Bizarre Love Triangle”, “Temptation”, “Love Will Tear Us apart”, “Blue Monday”, “Atmosphere”, “Regret”. Y sí, puede ser que entre Joy Division y New Order no sumen más de veinte canciones destacables, pero esas veinte, éstas que menciono y alguna más, valen por discografías enteras.
Y no, no voy a bajar ni a comprar ningún otro disco original completo, de ninguno de los dos. Así está perfecto.
Esto es en el Top Of The Pops, muy a principios de los ´80. La performance bordea lo ridículo, si pensamos en el vestuario, los arreglos, los pifies, el pad de batería electrónica que Peter Hook golpea y no suena... Igual es increíble.
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jueves, 30 de noviembre de 2006
viernes, 24 de noviembre de 2006
Fotos: Familia Costa en vivo
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lunes, 20 de noviembre de 2006
sábado, 18 de noviembre de 2006
Volvimos renovados (espero)
Y como estoy harto del fútbol argentino, de los mundiales y de todo el circo que tuvimos que sufrir este año, ahora sí, me declaro nuevo hincha del Tottenham Hotspur, luego de años de simpatía latente. Era el equipo de los excelentes "Ossie" Ardiles y "Ricky" Villa, ídolos absolutos del club en los 70 y 80, como este video lo demuestra. La final de la FA Cup de 1981 (contra el Manchester City, el equipo de los Gallagher), qué partidazo, qué golazo de Villa. Qué lindas camisetas...
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jueves, 5 de octubre de 2006
Get back
Recién un año después de editado me decidí a escuchar el último disco solista de Paul McCartney, Chaos and Creation in the Backyard. Había leído varios comentarios positivos, también una entrevista en la cual Paul contaba lo riguroso que había sido con él Nigel Godrich, famoso productor de bandas como Radiohead. Parece que Godrich lo obligó a cambiar su método habitual de trabajo, varias de sus manías y hasta el título del álbum y el arte de tapa.
Por suerte. Porque apenas con una par de escuchas fue suficiente para advertir que el disco es realmente muy bueno. Lo que tendría que haber hecho desde hace años y tardó bastante en hacer: rock acústico y clásico, sencillo y directo, pero a la vez elegante, sin concesiones y facilismos. Una grata sorpresa proveniente del beatle que menos simpático me caía, aún admitiendo lo groso que es. Y felicitaciones para Godrich: hay que bancársela para ponerle los puntos a sir Paul.
Acá, un video en vivo en un estudio, haciendo un muy lindo tema de este disco. Casi a la altura de sus mejores épocas.
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