
Hay dos maneras bastante accesibles de leer a James Neilson. Todos los fines de semana, en su columna "Tesis" de la revista Noticias, o todos los jueves en la columna "As I see it" de la sección de editoriales de The Buenos Aires Herald.
Neilson es un notable periodista inglés radicado desde hace muchos años en la Argentina, más precisamente en la ciudad de Pinamar, un lugar más que apropiado para elucubrar sus certeros análisis de la política argentina e internacional. Es también un pensador e intelectual conservador, de la más pura tradición anglosajona. Lo cual no significa, como comúnmente se cree en estos tiempos de nacionalismo berreta e izquierdismo para la tribuna, que sea un ser maligno vendido a los oscuros intereses del imperialismo. No es éste el caso, aún si fuese cierto que exista un ser de esa naturaleza, para no hablar de la inutilidad de insistir con la categoría "imperialismo" en pleno siglo XXI. Significa más bien que realiza su trabajo intelectual en los términos de una ideología que ha sido -desde hace demasiados años- muy bastardeada e incomprendida en la Argentina. Un pensamiento como el de Neilson, con quien muchas veces estoy en saludable desacuerdo, sirve sobre todo para aprender y enriquecerse, para comprender una visión del mundo bastante extraña a nuestra idiosincrasia. Pero que resulta de enorme utilidad para ayudarnos a arrojar el lastre de todo el pensamiento progre paralizante que es la marca de fábrica del promedio de la intelectualidad argentina.
Un conservador como Neilson es una persona absolutamente convencida de la superioridad de la tradición y la cultura occidental, valores para él magníficamente expresados en el sistema político anglosajón, más allá de los lógicos matices entre la monarquía parlamentaria inglesa y la república democrática norteamericana. La profunda convicción de que esos países (además de otras naciones europeas) representan la mejor y más posible forma de vida democrática moderna es uno de los presupuestos fundamentales de su conservadurismo. Esta aseveración le podrá resultar escandalosa a unos cuantos, pero a Neilson le sobran argumentos como para sostenerla. Y por si alguien necesitara alguna prueba más concreta del compromiso de Neilson con los valores democráticos, se le podría recordar que él fue el director del Herald en los años de la última dictadura militar, cuando ese minoritario diario escrito en inglés y de circulación tan restringida resultó ser uno de los escasísimos medios en donde se denunciaron algunos de los peores crímenes del terrorimo de estado en la misma época en que esos crímenes se cometían. No se animó Neilson a algo semejante por simpatía hacia las organizaciones de izquierda, sino simplemente porque, para un verdadero conservador, el hecho de que un estado se dedique a la detención, tortura y asesinato en la clandestinidad de ciudadanos de las más diversas ideologías y nacionalidades, desarrollaran éstos algún tipo de accionar violento o no, es simplemente una aberración. Siempre y en todos lados, sin excepciones, en la Argentina de Videla, en la Cuba de Castro, en la bolivariana República Islámica de Irán, en la base de Guantánamo o en Abu Graib, siempre.
Neilson nos dice muchas veces lo que sabemos -o sospechamos- que es cierto pero no nos atrevemos a sostener. Es todo lo opuesto a la inmadurez y el idealismo con los cuales nos sentimos tan erróneamente a gusto. Es un discurso extremadamente realista, pragmático, muchas veces incluso pesimista. Escrito además en un estilo para nada amigable, tanto en español como en inglés, con largos y farragosos párrafos que exigen una lectura meticulosa.
Si a alguien le interesa una muestra gratis, ahí va este link a una breve respuesta escrita por Neilson a un artículo de Tomás Abraham, todo lo cual fue publicado en el excelente site Los Trabajos Prácticos. En apenas una pocas líneas acerca del conflicto en Medio Oriente es posible apreciar su descarnada precisión y bastante de su conocimiento. No sé si les va a gustar, pero estaría bueno que lo lean.
Un blog sobre camisetas de fútbol. Historia, diseño, marcas, novedades, curiosidades, rarezas. Arte y Sport.
viernes, 18 de agosto de 2006
Conserva
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miércoles, 16 de agosto de 2006
Este jueves, a bailar con Penúltimo tren

El próximo programa de Penúltimo tren en unaradio.com.ar no va ser en verdad un programa, sino más bien un DJ set. No voy a ocultar que el proyecto de la radio es, en buena medida, una especie de trabajo práctico público como aprendiz de DJ, más allá de una buena manera de compartir lo que me gusta.
Así que después de varios programas más bien temáticos, lo único que puedo garantizar para mañana es: casi nada de palabras y una (espero que) aceitada sucesión de rock, pop, electrónica y hip-hop, si hay tiempo para todo. Veremos cómo sale.
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viernes, 11 de agosto de 2006
Libre asociación de videos
Navegando por YouTube!, después de castigarme con imágenes terribles de la guerra en Medio Oriente, decidí relajarme un poco y buscar algún video de LCD Soundsystem, emblema del sello DFA y una de las mejores bandas de la actualidad (ver mi reseña de su actuación en la Southfest, la entrada "Rock en la fiesta electrónica, 8/5/06). Inmediatamente apareció el clip de "Losing My Edge", uno de mis temas preferidos, que además tiene el agregado de una letra muy confesional, entre orgullosa y deprimida, propia de gran músico que se empieza a sentir viejito (hacer click aquí para leerla). Salvando las enormes distancias, así suelo sentirme yo a veces.
Lo más curioso es que el primer plano de la cara de James Murphy con una luz amarillenta detrás -no gastaron mucho con el clip, realmente- me hizo acordar a otro video, el de una canción de Genesis llamada "Ripples", del primer disco con Phil Collins como cantante, del año 1976. Un ejemplo muy representativo de aquella banda por la que hubiera dado un brazo cuando estaba en el secundario, allá por los años ´80, cuando perdía demasiado tiempo con el rock sinfónico y no le prestaba atención a Joy Division, The Human League, Gang of Four, Talking Heads, The Cure, Pixies, Sonic Youth o cualquiera de las otras bandas que realmente importaban en aquella época. Justamente, varias de ellas muy reivindicadas en la actualidad, o incluso en actividad.
No creo que esto sea un homenaje, más bien debe de haber sido algo involuntario. Como los parlantes acolchados del video de "The Universal", de Blur y la tapa de Sueño Stereo, de Soda. ¿Será así nomás?
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sábado, 5 de agosto de 2006
Dibujos de Langer
Sergio Langer es otro notable dibujante y humorista argentino, relativamente famoso desde que publica la tira Nelly en ese diario tan desagradable, pero que desde hace años se dedica a desparramar su vitriólico sentido del humor en los más diversos medios. Siempre con esos dibujos, deliberadamente toscos, que tan bien combinan con sus tremendistas guiones.
Este dibujo va dedicado con cariño a mi amigo Chirola, uno de los tantos fanáticos en estado de latencia de Los Redonditos de Ricota. Sé que no se va a enojar. Casi nunca lo hace.
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¡Polémica!

Si hay algún visitante asiduo de este blog quizás haya notado que mis últimas entradas son en general subidas o links a materiales de otros. No es de extrañar, después de todo, ya que no siempre se tienen cosas realmente interesantes que decir, o no siento la urgencia de escribir, o simplemente no tengo ganas. Después de
todo, presentar cosas de otros, compartir las cosas que nos gustan, también dice bastante acerca de nosotros mismos.
Pero sucede también que desde hace un par de semanas me vengo dedicando a bajar y leer un montón de material interesante de diferentes sites, blogs y publicaciones on line en general. E intentando participar en aquellos foros ejerciendo, de una manera más propia de los tiempos que corren, el tradicional -aunque no muy prestigioso-género literario de la polémica. Género que en nuestra literatura ha sabido contar con excelentes polemistas, algunos de ellos realmente temibles. Bastaría con mencionar, siquiera al pasar, la clásica polémica del año 1852 entre Sarmiento y Alberdi (llevada adelante mediante injuriantes y groseros artículos en la prensa chilena y recopilada luego en sendos volúmenes, Las ciento y una del sanjuanino y las Cartas quillotanas del tucumano) para entender a lo que me refiero.
No es que sea tan descarado como para compararme con aquellos autores, es simplemente una referencia que quizás alguno encuentre interesante para buscar en los libros. Aprovecho entonces para mencionar y recomendar nuevamente dos de las páginas que suelo visitar frecuentemente, con mis propios comentarios y los de otros bloggers. No siempre los mensajes que dejo allí consiguen la repercusión que me gustaría, pero lo que sí puedo asegurar es que me toma no poco trabajo el escribirlos. Son el Bigoblog, del crítico de cine Leonardo D´Esposito, y digitalec, del emprendedor (llamémosle así) Alec Oxenford. Hay muchísimo más, por supuesto, pero como muestra por ahora alcanza.
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jueves, 3 de agosto de 2006
Esta noche, Penúltimo tren en unaradio.com.ar

Como todos los jueves de 21 a 22, esta noche tendremos otro programa de Penúltimo tren en unaradio.com.ar. En este caso, la emisión estará dedicada a un breve repaso de algunos ejemplos interesantes de cruces entre dos géneros musicales centrales de la música pop, como son el rock y el reggae. Como en otras ocasiones, el criterio de selección no será de ningún modo exhaustivo ni erudito, sino más bien aleatorio o incluso autobiográfico. Apenas el placer de compartir ciertos gustos, de trazar algunos itinerarios personales mediante discos y canciones.
Como siempre, están todos invitados.
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domingo, 30 de julio de 2006
Dibujos de Liniers
Es muy probable que Ricardo Siri (Liniers) sea el mejor humorista gráfico de la actualidad. Empezó publicando en el suplemento No de Página/12, pero -sign of the times- desde hace un par de años dibuja una tira diaria en La Nación (a pesar de su escaso prestigio entre los círculos intelectuales, si no es el mejor diario de la Argentina seguro que al menos es el mejor escrito, lo cual ya es mucho decir). Su estilo de humor, a la vez ingenuo e irónico, puede ser irresistible en un día inspirado. Sus dibujos son la más fiel expresión de ese sentido del humor.
Esta es la tira que salió hoy en el diario, graciosa más por su texto que por su ascético dibujo. Otros excelentes trabajos -que no van a parar al diario- se pueden ver en el blog Liniers. Cosas que te pasan si estás vivo. De nada.
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jueves, 27 de julio de 2006
Bush Superstar
No, esto no es claramente un mash-up, aunque no sé cómo definirlo. Más allá de que se trata de una broma hecha por un par de bloggers (shlog.com y thepartyparty.com) habría que ver cuáles serían los resultados si alguien decidiera hacer algo así más en serio. De todos modos, es una buena muestra de todo lo que se puede hacer apenas con un par de programas de edición caseros.
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9:50 p. m.
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miércoles, 26 de julio de 2006
Noticias de Jerry Seinfeld
Seinfeld apareció en el show de David Letterman, se supone que muy recientemente. Está más viejo, gordo y pelado, aunque bastante bien en general. Hasta tuvo un bebé. Vive otra vez en Nueva York. Y hace algo de comedia, como este monólogo:
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y además, la entrevista con David Letterman
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lunes, 24 de julio de 2006
Basta del cagazo a K
Según la revista Noticias, este aviso televisivo fue rechazado por los canales abiertos de TV. Claro, no contaban con los blogs y YouTube.
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Auge del cine arte



Hace un tiempo, haciendo un breve comentario sobre la película Ana y los otros, me atreví a dudar de la conveniencia de estrenar en el circuito comercial esa clase de trabajos independientes, hechos con muy poco apoyo oficial y con los que los directores y productores se juegan la vida y algunas otras cosas. También me preguntaba acerca del verdadero valor estético de algunas de las películas a las que se suele etiquetar como “nuevo cine argentino”.
Si bien el artículo es polémico, creo que tiene razón en ciertos aspectos. Hay que sincerarse y decir que mucho cine supuestamente experimental (o alternativo, o como coño se lo quiera denominar) es en realidad bastante sobrevalorado. Y que aún si toda esa producción fuera de alta calidad, de todos modos seguiría yendo al muere, condenada a competir en inferioridad de condiciones en los multicines contra El código pedorro, como sucede actualmente. Sí, ya sé, también están los tanques que valen la pena (Superman, Piratas del Caribe), pero el problema es la escasez de alternativas. En lugar de exigir que se respete la cuota de pantalla en el circuito comercial, yo apostaría a jerarquizar el alternativo (Malba, Arteplex, Lugones, etc). O a que el BAFICI no sea un desbocado acontecimiento anual, sino que se prolongue con repeticiones de las mejores películas que, seguramente, no pudimos ver por falta de tiempo u horarios.
En este sentido, es una buena noticia que el INCAA haya anunciado la decisión de desprenderse del “cementerio” Tita Merello para pasarlo a un grupo privado, en el cual, según
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domingo, 16 de julio de 2006
Mezclas
Ya nadie debería escandalizarse y reclamar demasiado por la figura del autor. Las canciones y videos que siguen a continuación, ¿de quién o quiénes son? ¿Importa mucho, después de todo? Si las obras pierden a sus autores, ¿a quién admiramos, o a quién idolatramos? ¿O a quién denostamos, por supuesto?
Cuando Foucault decretó el fin de los autores no creo que tuviera todo esto en mente. Los mash-ups, remixes y demás engendros caseros, piratas u oficiales pueden ser a veces tan sólo bromas o provocaciones, pero que a nadie se le ocurra subestimarlos. Al que le queden dudas podría tomarse la molestia de bajar los trabajos de 2 Many DJ´s, seguramente los mejores artistas de la última Creamfields.
Estos son apenas unos pocos ejemplos de todo lo que hay por ahí.
Primero, Madonna y Coldplay
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2:06 a. m.
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Madonna, ahora con New Order
Y no estaría de más recordar que "Hang Up" ya contiene un característico sample de "Gimme, Gimme, Gimme" de ABBA.
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otra vez "Blue Monday", en un mash-up "oficial" y en vivo
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y a Coldplay, ¿lo tenían haciendo esto?
Esto no es un mash-up, claro, es tan sólo un cover en vivo. Pero igual no deja de sorprenderme. ¡Y al minuto y medio de video hay uno del público con una bengala!
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jueves, 13 de julio de 2006
viernes, 7 de julio de 2006
Panqueques

¿Por qué el mundial de 2002 es un recuerdo tan amargo? Por supuesto, porque nos fuimos en primera rueda cuando éramos los máximos candidatos al título. Parece un razonamiento idiota, ¿no?, pero si éramos los máximos candidatos... era porque éramos los mejores. Nada de rankings de la FIFA ni otras pavadas semejantes, hablo de la opinión de los que saben de fútbol mundial (todos sabemos quiénes son) y de las casas de apuestas de Londres, foro global perfectamente autorizado porque, por supuesto, con la guita no se jode, especialmente con la propia.
No quiero hacer leña del árbol caído, salvo del tronco inmóvil de Riquelme. Pero a pesar de él, Argentina jugó un buen mundial. ¿Alcanza para no sólo respetar a Pekerman, sino también admirarlo, o tenerle cariño? No, porque no todo debería reducirse al mundial, aún siendo la competencia futbolística más importante. Durante el proceso de Pekerman el seleccionado argentino dejó casi de pertenecer a la elite de los grandes, posición recién ahora recuperada. En dos años perdió una cantidad de partidos similar a la que perdió con Bielsa en seis, y con rivales de una calidad notablemente inferior. Se dejó de jugar con actitud ganadora para "ir a ver qué onda". En suma, se retrocedió.
Cuando Bielsa era el DT yo sabía que Argentina ganaba. Ganaba. Seguro. Así de fácil. Podía empezar perdiendo en Roma contra Italia y recuperarse para darle una paliza memorable, una conga de las que nunca un equipo argentino le propinó a uno italiano. Nunca. Y ese es sólo un ejemplo. Nunca fui un hincha tan fanáticamente orgulloso de la selección como con Bielsa. ¿El equipo del 94? Un equipo sin defensa no es un equipo.
¿Nostálgico, fanático, anclado en el pasado? Para nada, esos tiempos pueden volver, la propia dinámica del fútbol todo lo puede. Además, no haría falta que Bielsa firme como DT de la selección para que el equipo fuese bielsista. Algo de aquel espíritu podría recuperarse si el próximo DT de la selección fuese el Tolo Gallego. O incluso el Cholo Simeone.
Mientras tanto, miren lo que se publicaba en el site de la Conmebol en septiembre de 2001, esa época en la que nadie dudaba de que éramos los mejores. Muchos pierden la memoria muy rápido. (Link: http://conmebol.com/articulos_ver.jsp?id=30136&slangab=S)
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Reformismo
Coincido con la obsesiva cobertura del mundial a cargo de Quintín en la mayoría de sus comentarios publicados en el site Los Trabajos Prácticos (www.bonk.com.ar/tp/), pero de ningún modo en su obstinada defensa de Riquelme. Otros lectores del sitio le han contestado muy convincentemente. Por mi parte, rescato la cobertura del mundial que ha hecho el diario La Nación, con notas interesantes, bien escritas y con ideas, no polémicas vacías. Incluso diría que la mayoría de quienes hicieron el blog del mundial (Martin, Varsky, Iucht) en general han defendido a Riquelme. Y Arcucci, más allá de lo que opine Quintín acerca de sus intenciones y escritura, tiene todo el derecho del mundo a atacarlo, en los términos que prefiera.
Para que el espectáculo futbolístico del mundial mejorase, no habría que introducir variantes reglamentarias demasiado radicales. Bastaría con volver al sistema aplicado durante los mundiales de 1974, 1978 y 1982, es decir, de dos ruedas de todos contra todos para determinar a los semifinalistas, quienes recién en esa instancia se eliminarían de manera directa. De este modo se evitarían las especulaciones, los agotadores alargues, las estúpidas definiciones por penales y todo aquello que desvirtúa el espíritu del torneo. Más allá incluso del dudoso 6 a 0 a Perú en 1978, o de la variante de 1982 que resultó algo cruel, con triangulares como el de Argentina, Brasil e Italia. Pero en aquel mundial había que ir para adelante, y cómo. ¿Se animaría la FIFA a aplicarlo? Tendrían que encontrarle la vuelta económica, y quizás así sí. Pero claro, habría que reducir quizás la cantidad de países participantes para que el torneo no se extienda demasiado (con dos rondas de cuatro equipos, semifinal y final, los finalistas jugarían ocho partidos), y ciertos funcionarios de la FIFA (como don Julio) necesitan del voto de las asociaciones de los países chicos para sobrevivir. Veremos.
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martes, 4 de julio de 2006
Arriesgando

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Eliminación

Es extraño. Después de un primer momento en que reaccioné a la eliminación argentina del mundial con más tristeza y resignación que bronca o enojo, me dediqué a buscar en diversos sitios de internet artículos y opiniones de gente respetable sobre fútbol en general y el mundial en particular. Necesitaba alguna explicación racional para otro paso en falso, confrontar mis opiniones con las de otros quizás más autorizados, pensar obsesivamente otra vez en algo. Con el correr de los días y, sobre todo, a partir de la (no tan) sorpresiva eliminación de Brasil, sentí que además de reflexionar civilizadamente, polemizar con altura y argumentar con categoría, era la hora de la revancha.
Saqué todo lo peor de mí, con razones o sin ellas, y lo volqué en mi propio blog y en otros sitios, dejando todos mis datos como una provocación abierta. El resultado fue previsible, lo que quise evitar en un principio dejando al mundial fuera del blog: varios comentarios a mis entradas, incluso de brasileños, recriminándome de diferentes maneras todas mis opiniones, las más burdas y las más lógicas. Algún desubicado (argentino, como no podía ser de otra manera) hasta se burló de mi post dedicado a Simeone, un tímido homenaje al jugador que más veces vistió la camiseta argentina, hecho en mi condición de hincha de Racing sin ofender a ningún otro equipo.
En fin, si un blog es mostrarse, abrirse al mundo, también es razonable no querer que me llenen la cara de dedos. Los comentarios fueron oportunamente borrados, y a partir de ahora activé la opción para moderar los que persistan. Yo seguiré en la mía. Sigo creyendo que la época de Bielsa fue la edad dorada de la selección, el único equipo nacional a la altura del de México ´86, con el plus de haberse mantenido en lo más alto de la consideración internacional por más tiempo que ningún otro. Sigo odiando a Riquelme, por razones puramente futbolísticas. No puedo evitar alegrarme cuando pierde Brasil, sean los mejores del mundo o no, sobre todo si se come un baile de la categoría del que le dio Francia. El video de Zidane tiene valor en sí mismo, más allá de la furibunda dedicatoria que, por si alguno todavía no lo notó, está dirigida a Riquelme, quien por supuesto continuará con su vida sin siquiera sospechar hasta qué grado del absurdo pueden llegar las polémicas que genera su juego. Si alguien quiere leer una interesante defensa del 10 argentino, que lea la nota de Quintín en el site TP (Los Trabajos Prácticos). Es uno de los varios artículos que el antiguo director de El Amante Cine escribió acerca del mundial. De más está decir que estoy en total desacuerdo con esa defensa.
Estoy cansado de los que opinan de la selección con la camiseta del club. No creo que haya sido siempre así, debe haber sido para la época de Passarella que se empezó con esto de "qué querés con técnico y jugadores gallinas" o "a quién querés poner si los bosteros son horribles". Lo lamento si alguien se ofende, el fútbol despierta demasiadas pasiones, muchas de ellas negativas. Voy a cerrar todo este asunto, incluso con la incómoda sensación de que podría dedicarme a escribir libros enteros sobre fútbol y aún así quedarme con las ganas de expresar algo más. Sólo cabe agregar que, más allá de mi vulnerabilidad ante ciertas opiniones demasiado vulgares, y creo que también es por esto que lo hago, al menos en este mínimo blog, en este espacio intrascendente en la inmensidad sobresignificada de la red, me reservo el legítimo derecho a quedarme con la última palabra.
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lunes, 3 de julio de 2006
Aprendé
A vos te hablo, muerto, fracasado, aprendé de un 10 de verdad.
Uno que aparece en las difíciles, en los partidos definitorios, contra los grandes.
Uno que hace lujos para adelante, que no se caga al patear un penal.
Que corre, que baja marcando, y que si te tiene que pegar, te mata.
Que disfruta del fútbol de verdad, y no deambula por la cancha con esa cara de angustia metafísica.
Mirá y aprendé.
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domingo, 2 de julio de 2006
Fútbol





Basta de las dos grandes mentiras de los líricos (de Clarín y alrededores): el jogo bonito de Brasil y Riquelme.
Basta de fútbol circo, de publicidades de futbolistas matrix.
Basta del primer mundo de palcos vip y compradores de merchandising y del tercero de la violencia del aguante.
Basta de las limitaciones inglesas y alemanas, el juego sucio portugués y la especulación italiana.
Viva el fútbol generoso y sin miedos de Francia. Viva Zidane, patriarca y auténtica estrella. Viva Tévez, talento y cojones. Vamos Ayala, el mejor defensor del mundo.
Viva Bielsa. Qué vuelva el fútbol moderno, veloz, ofensivo y técnicamente superior. Que nos volvamos a llevar a todos por delante, de visitante y de local, sin más complejos de inferioridad.
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domingo, 25 de junio de 2006
Otro recital
Soy tan poco optimista acerca del recital de esta noche que ni siquiera me molesté en promocionarlo un poco. Los motivos se relacionan con la nota anterior. Pero bueno, el flyer al menos es simpático. 
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3:49 p. m.
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viernes, 23 de junio de 2006
Temas pendientes
Hacía rato que no escribía nada. Últimamente mis días se habían transformado en una espiral inmanejable de ensayos, salidas, cumpleaños, recitales, mal sueño, llegadas tarde al laburo, mal humor y vuelta a empezar. Para empeorarla, ahora tengo la adictiva internet en casa. En el medio, el intento del programa de radio. Y para coronarla, el mundial. Que hasta ahora viene bien, pero que no hace más que alterarme los nervios.
Ahora tengo dos semanas de vacaciones. Para mejorar el programa de radio, en el cual ya están dadas las condiciones técnicas como para hablar (lo resolví yo solito), pero que de todos modos ayer salió muy desprolijo por algunas dificultades imprevistas para manejar el winamp. Puedo empezar a bajar música y actualizarme con todo lo que salió este año, además de profundizar en mis nuevos géneros preferidos, dub, reggae y hip-hop. Puedo ver el mundial con algo más de paz y sin tanta histeria (difícil). Puedo volver al club, hacer otra vez ejercicio, disfrutar de un baño sauna y que me den unos buenos masajes. Me duele todo el cuerpo, lo necesito de verdad. Puedo practicar más con la batería. Puedo ir a los ensayos con más ganas, al recital del domingo con todas las pilas. Puedo investigar más en internet, ordenar un montón de archivos y CDs dispersos. Tengo libros para leer, dos o tres números de Los Inrockuptibles que apenás hojeé.
Tengo muchas cosas que hacer.
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jueves, 8 de junio de 2006
Desde hoy, Penúltimo tren en la radio

Desde hoy y todos los jueves, Penúltimo tren también es un programa de radio por internet. Lo pueden escuchar conectándose a www.unaradio.com.ar, sitio que tiene otros programas muy recomendables.
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jueves, 1 de junio de 2006
Penúltimo tren en radio

Próximamente, Penúltimo tren tendrá su propio programa de radio por internet. Habrá más información.
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8:16 p. m.
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lunes, 29 de mayo de 2006
Corrección cinematográfica

Algo breve acerca de Crónica de una fuga.
Una película irreprochable. La fui a ver únicamente por fidelidad a su director, Israel Caetano, ya que hace varios años que me juré no volver a ver ninguna película relacionada siquiera remotamente con la última dictadura, tema que me tiene especialmente harto. Pero le tuve confianza a Caetano, y podría decirse que no me defraudó. La película es cruda, pero sin golpes bajos innecesarios, el ritmo del relato es sostenido, el suspenso está bien dosificado, técnicamente está muy bien filmada.
Y sin embargo... no me terminó de convencer. No creo que lo pueda explicar, es más una sensación de incomodidad que algún motivo concreto. Podría ser la presencia de Pablo Echarri, que por más medido que actúe... sigue siendo Echarri. Podría ser la campera Adidas retro de uno de los militares, detalle vintage totalmente anacrónico. Podría ser que todos los policías y milicos tienen unos bigotes sacados del video clip de Sabotage, de los Beastie Boys.
Me parece que el nuevo cine argentino ya demostró unas cuantas buenas cualidades, entre ellas, que puede hacer cine de género. Quizás sería hora de arriesgar un poco más, sin caer en esos mamarrachos torpes de principios de los `90. Algunos buenos directores tienen el crédito abierto.
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viernes, 26 de mayo de 2006
mi:25:05:06

Sí, yo lo voté, y no me arrepiento. Sigo convencido de que era la mejor opción posible, y hasta es muy probable que, dadas las actuales circunstancias del sistema político argentino, aún hoy siga siéndolo. Y de más está decir que no parece probable que aparezca una mejor opción con posibilidades reales para el 2007. Así que ya muchos dan por descontado que tendremos más K. Nada menos que hasta 2011. ¿Razones para entusiasmarse? Más bien escasas. De todos modos, tampoco sería síntoma de madurez política el despotricar indiscriminadamente contra todo el gobierno y la clase dirigente, deseando el desmoronamiento del hoy encumbrado pingüino y esperando ingenuamente que por los efectos (devastadores) de esa hipotética caída un nuevo líder se alzare sobre las ruinas del sistema institucional para refundar por enésima vez la nación, proclamando las nuevas verdades absolutas, que, cabe imaginar, serían diametralmente opuestas a las actuales. Más bien sería deseable tratar de entender que la institucionalidad del sistema argentino sigue en un muy lento proceso de transición desde el colapso casi total de 2001 y 2002 hacia un modelo que, muy posiblemente, se empiece a definir mejor a partir del segundo mandato de Kirchner.
Aunque también es evidente que todo el conjunto de medidas y decisiones de la actual administración son material suficiente como para permitirnos aventurar, con todas las salvedades que la típica imprevisibilidad argentina nos impone considerar, qué modelo de sociedad, qué tipo de economía y qué sistema de organización y representación política se intentarán consolidar. Qué modelo de país, en definitiva. Y si además éste será viable, claro está.
En este sentido, el masivo acto del 25 de mayo kirchnerista fue de una importancia nada despreciable para la tarea de intentar avizorar lo que se viene. Se podría pensar que, como todo mitin político, fue apenas una demostración simbólica de fuerza. Una celebración envalentonada, un ejercicio de voluntarismo, una tentación ante la cual han sucumbido todos los presidentes desde 1983 cuando se sentían con las fuerzas suficientes como para hacerlo. Pero también fue bastante más que eso. Fue todo un acontecimiento significativo, en su sentido más semiológico, si se me permite aplicar este término tan técnico. Una superposición de imágenes, íconos y palabras, una repetición de actitudes y comportamientos, una serie de rituales que permiten analizar el actual estado de la situación y cuáles serán los próximos pasos. En la política, las cargas simbólicas importan, y mucho. Los discursos, también. No sólo por lo que dicen, sino también por lo que omiten, por su entonación, por sus destinatarios, por quienes parecen avalarlo con su presencia en el palco, por su sentido de la oportunidad.
Entonces, ¿qué se puede sacar en limpio después de un rápido vistazo de lo más destacable de este acto? Lo más evidente: quienes deseamos la modernización integral del sistema político argentino, con un modelo menos presidencialista y un Parlamento jerarquizado, con un aparato judicial moderno y eficiente, con un conjunto de partidos actualizado ideológicamente y que represente en esencia a las opciones más plausibles para ejercer el poder, es decir, la centroizquierda y la centroderecha; quienes estamos hartos del mesianismo, el populismo, la ineficiencia y el autoritarismo tan típicamente latinoamericanos, y deseamos fervientemente un viraje hacia las virtudes de las mejores y más consolidadas democracias del mundo; todos quienes intentamos tomar conciencia de los enormes desafíos que implica vivir en la vertiginosa globalización del siglo XXI y creemos que el pasado, aún el más reciente, es solamente valioso como objeto de un (profundo) estudio histórico, lo cual no es poca cosa si se lo piensa con detenimiento; todos nosotros, que me encantaría creer que en verdad somos más de lo que me parece, vamos a tener que seguir teniendo paciencia, esperando quizás mejores oportunidades e intentando contribuir a crear otras condiciones para que esos deseos puedan hacerse realidad. Más allá de que en la Argentina, de más está decirlo, para bien y para mal todos los cambios se imponen desde arriba.
Porque lo que quedó muy en evidencia en el 25-M de Kirchner es que la base concreta de su hoy omnímodo poder es lo más rancio y retardatario del peronismo. Sabido es que el presidente sabe exhibir un discurso apropiado para cada ocasión y para cada auditorio, pero también hay que saber que algunos de esos discursos no tienen ningún sustento en los hechos y las medidas reales. Escuchamos acerca de pluralismo, amplias convocatorias, transparencia, calidad institucional, capitalismo moderno. Desde hace unos días, de concertación. A la chilena o a la española, dependerá de la preferencia de cada uno. Pero en concreto, lo que se ejecuta es exactamente lo contrario de lo que se proclama. Porque, más allá de cualquier matiz interpretativo, ¿quiénes estaban ayer en la plaza, qué representaban, de dónde provienen? Nada de modernidades. Lo que hoy le provee a Kirchner ese apoyo multitudinario que se empeñó en exhibir son los mayores beneficiarios de su gestión, es decir, el conjunto de las corporaciones más cercanas al sentimiento peronista tradicional. Por más que amagara con la transversalidad, que intentara seducir a diversos grupos progres y de izquierda, aunque rara vez nombra a Perón y la liturgia peronista clásica difícilmente sea tan fashion como el vestuario de Cristina, los que concurrieron a la plaza a bancarlo a K fueron: los sindicatos en primerísimo plano, que ya han recuperado buena la parte del poder que Menem les había arrebatado; el rejunte de partidarios y punteros de muchos gobernadores e intendentes que seguramente odian a los pingüinos pero sobreactúan su fidelidad porque dependen de las arbitrariedades de la coparticipación y los fondos de las cajas; las fracciones de piqueteros muy beneficiadas por la administración, que ahora tienen poco para reclamar y mucho para agradecer; la Iglesia, que se queja por “detalles” pero recupera el tedeum en la catedral y mantiene los privilegios de siempre ("y mejor no jodan con la educación sexual, la despenalización del aborto y otras modernidades porque ahí nos calentamos en serio, después de todo monseñor Baseotto me agarra el choto", debe pensar Bergoglio); los grupos defensores de los derechos humanos, a quienes los únicos autoritarismos que parecen alterarlos son aquellos que no suben a Mercedes Sosa y a Víctor Heredia arriba del escenario; el Ejército incluso, que sería la excepción por ser tan maltratado por el “zurdaje” verbitskyano, pero que tuvo que disfrazar a sus granaderos y tocar algunas marchitas. El protocolo es así.
Por cierto, faltó la corporación empresaria, que se escandaliza con los modales de tipos como Guillermo Moreno, pero que si sabe ubicarse en donde corresponde tiene excelentes oportunidades para hacer grandes negocios (preguntar por Julito). Aunque la contrarreforma laboral los asusta, y mucho. Y faltó el enemigo tradicional del tradicional peronismo, el eje del mal nativo: la oligarquía terrateniente. Que se queja, se queja y se queja. Con y sin fundamento. Lavagna, en todo caso, era más elegante para ponerlos de patitas en la calle. “Así que les va muy mal, qué cosa, pero ¿cuánto se valorizaron sus campos en los últimos dos años?”, les preguntaba. Ahora, más retenciones y encima prohibiciones para exportar ganado. Enfrentamientos verbales, amenazas y paros, nunca trabajo y planificación, de ninguno de los dos lados. O si lo hay, nadie lo comenta, nadie se entera.
Entonces, en la plaza, corporativismo puro. Es decir, un modelo de participación política y ciudadana que se lleva muy mal con la democracia representativa liberal y moderna. A todo el festival de exaltación del nacionalismo retrógrado, mejor ni mencionarlo, por más irritante que resulte. Eso puede ser apenas anecdótico. Es mucho más preocupante que la calidad institucional se siga degradando, que el Congreso sea sólo un decorado fastuoso, que la Justicia sea avasallada y sirva sólo a los amigos. Que las medidas que deciden la suerte del país sean decididas entre corporaciones de funcionamiento poco democrático y con la ostentación de la propia fuerza como principal argumento de negociación. Que lo que el gobierno entiende por consenso y pluralismo sea en verdad sumar apoyos de cualquier lado con tal de que sea ciego e irrestricto.
¿Es posible, partiendo de una situación como la actual y como aventuran algunos como Torcuato Di Tella, imaginar para después del 2007 un sistema político más definido entre centroizquierda y centroderecha (más allá de alianzas circunstanciales y nomenclaturas) y un gobierno más preocupado en la gestión y en la previsión del mediano y el largo plazo? Difícil saberlo. Para empezar a despejar esa incógnita no estaría nada mal que K empezara a hacer lo que dice que quiere hacer.
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100 años de Defensores de Belgrano

Sería un atrevimiento que me considerase un hincha de Defe. Apenas un simpatizante. Pero, al fin y al cabo, soy bisnieto de uno de los socios fundadores, así que vale este pequeño homenaje.
Por eso y por algunos recuerdos de la infancia. Aprendí a nadar en las hermosas piletas de Defe, con unos vestuarios que me parecían un lujo (¡tenían compartimientos individuales para cambiarse!). A la cancha me llevó algunas veces mi abuelo, que ya había intentado hacerme de River llevándome al Monumental toda la campaña 1979, pero fracasó estrepitosamente. También un recuerdo de aquellos años del infierno de Racing en la B, un partido en el Cilindro en 1984, con Racing haciendo lo imposible para no perder de vista al Deportivo Español que se escapaba irremediablemente en la punta y Defe jugando tranquilo, enloqueciéndonos con los desbordes y un golazo al ángulo de Walter Fernández, quien al año siguiente pasaría a Racing y nos regalaría muy buenas actuaciones, además de la Supercopa. Aquel partido lo dio vuelta Racing, sufriendo mucho y ganando 2 a 1, pero nada de ascenso esa temporada. Faltaba otro largo año.
Incluso, una pequeña traición. En 1992, Defe bajó a la C y debió enfrentar a Excursionistas, el clásico rival del Bajo. Y mi viejo quiso ir a la cancha conmigo, pero a la tribuna de Excursio, porque mi otro abuelo, su viejo, a quien no llegué a conocer, era del Verde. Fue un partidazo, ganó Excursio 3 a 1, y reconozco que grité los goles. Cómo no hacerlo, en esa tribuna de enloquecidos.
Supongo que ese desliz fue perdonado. Me alegré cuando Defe subió a la B, y después al Nacional. Si en la AFA no hubiera joda, el año pasado habría bajado el desagradable Chacarita de Barrionuevo, y no Defe otra vez a la B. Este año el ascenso se escapó por poco. Así que vamos Defe, que hay que volver al Nacional.
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sábado, 20 de mayo de 2006
Familia Costa en la radio
Un poco tarde, pero esta es la novedad. Habrá más para la semana que viene, con tiempo. 
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martes, 16 de mayo de 2006
Más nacionalprogresismo

El siguiente es un link al blog del inteligente crítico de cine Leonardo D´Esposito (http://www.elbigote.blog.terra.com.ar/), quien comenta un ridículo proyecto de ley que obligaría a todas las películas nacionales a incluir primeros planos de la bandera nacional.
Es una locura total. De todas las lacras ideológicas posibles, el nacionalismo es una de las peores. ¿Sabrá la senadora que estamos en el siglo XXI, conocerá la problemática de la globalización, estará al tanto del agotamiento del modelo decimonónico de estados nacionales? No creo, ni siquiera sabe escribir en español. Creo que es en la política cultural en donde se hacen evidentes las peores características del peronismo. Esa visión tan atrasada del mundo, ese autoritarismo inspirado -como bien dice D´Esposito- en el fascismo, el nazismo y el stalinismo, ese paternalismo que favorece un estado guardián ideológico de las cabecitas de sus indefensos ciudadanos, ese estúpido y simplificado odio por los EE.UU. Lo peor es que mucha gente va a estar de acuerdo con el proyecto. Los políticos obedientes que quieran quedar bien con el jefe, los cínicos de la "industria" súbitamente patriotas para financiar Patoruzito y otras basuras, los ñoños biempensantes y políticamente correctos del gran diario argentino, el público en general finalmente, que supo ser liberal, cosmopolita y privatista y súbitamente se ha vuelto progre, nacionalista y estatista. Una regresión en todo sentido.
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viernes, 12 de mayo de 2006
P de polìtica

Esta vez los prejuicios no tuvieron fundamento. Contra todo lo que indicaban sus antecedentes, V de venganza es una película que, sin dejar de aspirar a recaudar las mismas fortunas que cualquier otro tanque de Hollywood que se precie de tal, se diferencia de la mayoría de los bodrios de su categoría por arriesgarse a discutir algunos planteos políticos fuertes sin caer del todo en la banalidad, y sin excesivas concesiones a lo políticamente correcto.
Por más que se la presente como otra adaptación de las historietas de un superhéroe, V de venganza es en realidad una versión muy libre y alivianada de 1984, la famosa novela de George Orwell. Cierto, posiblemente no muchos espectadores de multicines podrían soportar una película que respetara fielmente el espíritu de aquel libro tan implacable y angustiante, que en el inicio de la guerra fría se animaba a desarrollar con paciencia y detalle todos los horrendos aspectos de un estado totalitario en un futuro próximo. Por eso los principales problemas de V no residen en su estética más bien convencional, o en algunos diálogos grandilocuentes, o en su estructura de flashbacks algo confusos, o en el escaso atractivo de sus escenas de acción. La película debe, antes que nada, lidiar con una dificultad inicial, que radica en cómo trasladar el futuro de Orwell al futuro cercano inscripto en el imaginario colectivo del espectador de comienzos del siglo XXI. En V, el estado policial inglés que se jacta de prevalecer incluso por encima de los EE.UU no termina de armonizar con la percepción más difundida de un mundo globalizado dominado por las grandes corporaciones informáticas y de biogenética, aquello que el cyber punk avizoró y el presente parece confirmar, al menos parcialmente. La fortaleza de ese estado policial inglés del futuro se justifica únicamente en su estricto control policial, por supuesto que posibilitado por una sofisticada tecnología de represión más insinuada que puesta en escena, y por el aparente monopolio de las transmisiones televisivas. Pero claro, esa situación algo simplificada no parece tan horrenda como para justificar el accionar terrorista del enmascarado. Los ingleses de ese futuro pueden parecer algo anestesiados, deben respetar toques de queda y dependen de la TV estatal para saber cómo pensar. Pero parecen esencialmente felices, no hay exclusión social o económica, la paranoia que genera el sistema de delaciones no parece mucho peor que el generado por una manzanera duhaldista. A lo que se parece esa Inglaterra no es tanto al totalitarismo clásico sino al presente de la heterodoxia comunista china: una extraña combinación entre estado fuerte, control social, poder militar, economía de mercado, alta tecnología y acceso a Internet pero con contenidos restringidos.
Por eso, como casi siempre en el cine mainstream, para justificar la construcción un tanto endeble del presente se debe recurrir al pasado. La historia que se narra mediante sucesivos flashbacks es imprescindible para entender el presente de las acciones, todo ese torbellino que se va acelerando a medida que se acerca al poco sorpresivo final. Y también como casi siempre en estas películas, el trauma de un individuo se entrelaza con la historia de esa estructura (en este caso estatal) que lo determinó para siempre y sobre la cual se dispone a operar. Siempre el individuo enfrentado al colectivo. Un tipo de individuo que excede la categoría de superhéroe para entrar en la harto más problemática de terrorista. El enmascarado es un resultado directo de las operaciones del estado, porta un discurso social para levantar a las masas, pero su motivación es personal. Después de dinamitar el Old Bailey y antes de destruir el parlamento (su particular modo de llamar a la desobediencia civil), la tarea que lo ocupa es la venganza personal, matar a esos otros individuos que le hicieron lo que le hicieron, en nombre del estado, de la ambición de poder, o de la megalomanía cientificista.
Las dos historias principales de V de venganza están, como decía antes, entrelazadas: por un lado, el ascenso y posible caída del estado policial inglés; por el otro, la identidad y el accionar de un individuo que fue un producto colateral de aquel ascenso y artífice solitario del inicio de la caída. Si la Inglaterra de 2025 se parece a la China de 2006, la que permite la ascensión del partido del alto canciller es igual a la Alemania de Weimar que culmina en 1933 con Hitler y el III Reich. Toda la estética partidaria es una copia nada sutil de la emblemática nazi-fascista (algo también recreado en The Wall y agotado por sus innumerables reproducciones merced al merchandising). En resumidas cuentas, las bases del conformismo inglés del presente de la narración hay que rastrearlas en el miedo y el caos del pasado: una sucesión de guerras internacionales gentileza de los EE.UU. y la eterna cuestión de Medio Oriente, más las operaciones desestabilizadoras del partido, las cuales culminan con los experimentos y los atentados bio-terroristas contra la propia población inglesa como mecanismo último para consolidarse en el poder. De aquellos experimentos nace el enmascarado, superhéroe y terrorista, guerrero e intelectual, bon vivant y connaiseur, atesorador de los emblemas de la alta cultura del pasado (un inglés puede ser revolucionario y conservador a la vez), extremista dulcificado por el amor de una mujer (quien arrastra sus propios traumas a causa del accionar del estado) a la que sin embargo no duda en torturar con tal de convertirla a su causa.
Como se ve, V de venganza trata de cuestiones bastante urticantes para lo que es la media del cine comercial. Y a pesar de sus evidentes falencias, no lo hace de manera superficial. Para la polémica quedará, en todo caso, si a todos esos recursos que debe utilizar para aligerar la historia original de 1984 se los debe considerar como medios legítimos para lograr que una película así llegue al gran público, o como concesiones inaceptables que terminan por diluir demasiado el mensaje político de fondo. Ciertas cuestiones del film podrían servir como argumentos a favor de cualquiera de las dos posiciones. Las terribles “telepantallas” de Orwell son aquí hermosos aparatos de pantalla plana, con el logo de una marca actual bien visible. Las torturas por las que debe pasar Natalie Portman son de un jardín de infantes en comparación con lo que sufre (y cómo termina) el desgraciado de la novela. El llamado a la acción civil del enmascarado tiene la estética del atentado terrorista (ver explotar al Big Ben es una referencia obvia a las Torres Gemelas) pero lo que termina proponiendo es una desobediencia civil no violenta (por suerte), más al estilo de la Ucrania del año pasado que a las violentas (aunque imposibles) rebeliones imaginadas por Orwell. Y estos ejemplos no son para nada anecdóticos, sino que están en el centro de la discusión política que la película propone. Que esta discusión sea posible, ese es un mérito de la película. Que las industrias culturales propongan a los estados totalitarios como los únicos malvados del futuro, es una de sus limitaciones.
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El Cholo



Tres momentos, ilustrados por las fotos.
Copa América de 1999. Las estrellas argentinas que juegan en Europa alegan cansancio, stress, jet-lag, lesiones en fiestas, y se niegan a jugar para la selección. Marcelo Bielsa no chista, y arma un equipo basado en el Boca de Bianchi que bate todos los records. Y con el Cholo Simeone. Él sí que viene de Europa. Cómo no va a venir.
Partido debut contra Ecuador. Van pocos minutos y hay corner para Argentina. Un centro pasado, y el Cholo, que venía lanzado como una tromba, se eleva y conecta un furibundo cabezazo, de pique, inatajable. Golazo. El Cholo lo grita como si fuera la final del mundo. Es el mensaje del capitán.
Fines de 2004. El Cholo planea su retiro. Podría hacerlo en Europa, en el Aleti, en la Lazio, en el Inter, en donde conquistó títulos y la idolatría de los hinchas. Pero no, él es de Racing, dijo que se quería retirar en la Academia, en donde nunca jugó, y eso es lo que va a hacer. Viene, juega bastante bien, hace un par de goles, no sale campeón por poco. Habría salido si hubiese venido a River o Boca, como Francescoli, Gallardo, Balbo. O si se quedaba en Qatar, como el Bati. Pero no, él vino a Racing, y en Racing las películas rara vez terminan bien.
Mediados de 2006. Se tuvo que retirar antes de lo previsto. Su segundo campeonato fue más flojo, algunos atrevidos se animan a chiflarlo. El equipo cae en picada, se come a varios técnicos. ¿Quién agarra la papa caliente? El Cholo. Debuta como técnico, y nada parece cambiar. El equipo sigue perdiendo, amenaza la promoción. Pero algo cambia. El Cholo puso a los pibes de las inferiores, los que salieron campeones con la cuarta. Y de repente, cuatro victorias al hilo, con el arco invicto. Eso, en el fútbol argentino de hoy, tan imprevisible e histérico, es un milagro. Pero igual se va a tener que ir. Cambio de manos en la empresa Blanquiceleste S.A., gerenciadora del fútbol de la asociación civil Racing Club.
Se va por la puerta grande, y no importa el partido de esta noche. Habría que despedirlo como se lo merece. Un partido en la cancha de Racing, contra la Selección. Un tiempo para cada uno, y lo que se recaudare por la venta de entradas (cuyo precio no debería ser de $ 100 la general, para que la pelota no se manche), quedaría para el club o para beneficiencia.
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lunes, 8 de mayo de 2006
Rock en la fiesta electrónica

No creo que las fiestas electrónicas como la Southfest, a la cual asistí el sábado pasado, tengan muchos motivos musicales de peso como para justificar el elevado precio de su entrada. No es que falte calidad, en todo caso falta cantidad. En la Creamfields del año pasado pude comprobar que pagando mucho menos que una entrada de campo para ver, por ejemplo, a los apolillados U2, tuve a mi disposición horas de música en vivo en los más variados formatos y géneros, desde Emmanuel Horvilleur a la Zuker XP, desde 2 Many DJ´s a Prodigy, desde Paul Oakenfold a Audiobullys. Muchos escenarios, varias carpas en un espacio adecuado, sin superposiciones ni otras mezclas de sonido que no fueran las ejecutadas por los DJ´s. Sí, claro, conseguir algo de comer o tomar era más difícil que en Haití, pero más que nada estoy hablando de música.
Pero la Southfest fue otra cosa. Un predio mucho más pequeño, apenas un escenario principal y una carpa medianita, demasiado próximas entre sí. Una docena de artistas en total. Sólo dos bandas en vivo. Poca oferta para lo que era el precio de la entrada. Pero como ya hace rato que se nota en los festivales dirigidos al público de clase media para arriba (bastante arriba) a nadie parece importarle demasiado. Está el VIP, están las cada vez más numerosas carpas de los auspiciantes, donde casi nada viene de arriba, sin embargo. Más bien todo lo contrario. Y por supuesto, está el público, también cada vez más numeroso, habitual de este tipo de festivales, que básicamente y como en cualquier otro evento multitudinario no tiene ni idea de lo que está escuchando, quiénes son los que tocan, que estilo tiene tal o cual DJ. Se trata de estar, como había que estar en River con los Stones. Se trata de bailar, moverse, bailar mucho, tomar tragos, Speed, bichitos, churros. Algunos llevan las bocinas, otros silbatos, otros muñecos, o disfraces, prendas estrafalarias. Lo que se puede hacer en Mint o en Pachá cualquier día, pero al aire libre y a mayor escala. ¿Es todo esto criticable de por sí? No más que todos los rituales del aguante, por ejemplo, o del reviente cumbianchero. El eterno juego de mirar y ser mirado, de llamar la atención, de divertirse o creer en la diversión. Las diferencias son superficiales, es sólo cuestión de poder adquisitivo.
Pero a mí me interesa la música. Sí, la entrada me la regaló mi hermano, pero de todos modos yo tenía muchas ganas de ver a LCD Soundsystem. ¿Por qué un grupo de rock como éste del notable James Murphy (natural de New Jersey, también DJ y productor de los geniales The Rapture y otros grupos nuevos importantes, para más datos) se presentó en una fiesta electrónica? Simplificando bastante la cuestión, porque su música contiene algunos de los elementos que cualquier clubber globalizado pediría para bailar un buen rato en su pista preferida, pero en verdad LCD Soundsystem es mucho más que eso, y por eso lo considero un grupo de rock, acogedora etiqueta que permite reunir a todos los descarriados e inclasificables. Para bailar están los ritmos machacantes, los bajos poderosos e hipnóticos, temas de largo desarrollo (y no quiero menospreciar para nada la importancia del baile para la música). Pero también están las melodías mínimas, unas cuantas parrafadas rapeadas sin rastro de hip-hop, algunas frases que se repiten como mantras, teclados y guitarras que pasan desapercibidos a nivel de la ejecución pero que disparan certeros ataques sónicos al cerebro. Además, abundante percusión, tanto electrónica como tradicional, a cargo de un baterista de un despliegue llamativo, y ocasionalmente también del guitarrista y del propio Murphy. En algunas canciones, y como para reforzar, bases pregrabadas de bajo y batería, todo perfectamente amalgamado. Un conjunto bastante particular, una mezcla de Public Image Ltd. con Daft Punk, algo de dub, algo de house, algo de ruido industrial.
Y el recital fue contundente, conciso, de apenas una hora de duración, y si bien quizás no hubiera sido conveniente prolongarlo demasiado, sí me quedé con ganas de un par de canciones más, no sé, quince minutitos, un par de bises. Pero no, el horario está pautado, hay que desmontar todo que viene Cattaneo. No importa, LCD Soundsystem demostraron con creces por qué son uno de los grupos más interesantes del momento, ofrecieron un show impecable, que combinó prolijidad y potencia, meticulosidad y el necesario descontrol de toda presentación en vivo. Un sonido muy bueno y sin fallas, que permitió apreciar la variada paleta de sonidos del grupo. Si no se puede calificar al show como memorable, como sí lo fue este año el de Franz Ferdinand, es porque simplemente el marco no era el más adecuado, por todo lo expuesto más arriba. De hecho, el único tema que tocaron con un poco de desgano fue el hit, el que todos querían escuchar, el radiable "Tribulations". No es que esa actitud sea elogiable de por sí, pero es la clásica venganza del músico. (A propósito de esto, para la historia quedó la furia que le provocó a Nirvana el típico machismo y la intolerancia de los descerebrados rockeros argentinos para con sus amigas, las Calamity Jane, lo que derivó en uno de los peores shows de un grupo internacional relevante en Buenos Aires, con Kurt Cobain amagando todo el tiempo con tocar "Smells Like Teen Spirit" para finalmente no hacerlo nunca).
¿Y qué más hubo en la Southfest? Alcancé a escuchar cuatro canciones de Ladytron, la otra banda en vivo programada. Absolutos desconocidos para mí, fueron una agradable sorpresa. Tres chicas y tres chicos, todos vestidos de negro, una onda ligeramente gótica, pero sin exagerar. Y los sonidos acompañaban el vestuario, un rock medio tiempo bailable e industrial, con dos cantantes que más bien recitaban, con melancolía impostada pero sin desgano, lo que no las hacía demasiado odiosas. Pero también sonaban muy aceitados y potentes, no estaría mal buscar algún disco de ellos en Internet.
También me quedé un rato largo escuchando a Cattaneo, el famoso "DJ argentino que triunfa en el exterior, vive en Londres, o Barcelona, y no es un grasa como Deró, aunque tampoco es bueno mostrarse demasiado fan suyo". El que se llevó a mi amada Jackie Keen. En la semana lo había escuchado en la radio en el programa de Matías Martin, y no me cayó para nada mal. Un tipo ubicado, sin falsa modestia pero tampoco agrandado, simpático y muy correcto, quizás demasiado. Profesional, muy dedicado a lo que hace. Y supongo que lo hará bien, yo no tengo los elementos suficientes como para juzgarlo. Lo que escuché no me desagradó, tampoco me interesó demasiado. Se dice de él que sus mezclas son muy elegantes, y sí, podría ser. También me pareció bastante tranquilo, no sé si en algún momento de su extenso set habrá acelerado los beats. No pretendo descalificar para nada lo que hace Cattaneo, pero no creo que lo suyo fuera como para que el público se mostrara tan excitado, dejando de lado el trillado tema de las sustancias. Es cierto que no es para nada efectista, como sí lo eran los otros DJ´s que escuché el sábado, Plump DJ´s, u otros como Fatboy Slim que juegan abiertamente para la tribuna. Pero tampoco me pareció que Cattaneo tome demasiados riesgos. Hablando desde lo poco que sé de música electrónica, su set me pareció muy correcto, agradable pero sin matices. Es que yo estoy más acostumbrado a la electrónica cuando se cruza con el rock, con los Chemical Brothers como el mejor ejemplo, y los 2 Many DJ´s como el mejor show de los que vi en la última Creamfields. Claro, ellos también tienen un grupo de rock, Soulwax, que en su disco Any Minute Now demuestran tener más de un punto en común con, justamente, LCD Soundsystem (creo haber leído que James Murphy participa en la mejor canción del disco, "NY Excuse").
Eso fue todo, puede que haya parecido que estuve poco tiempo, ya que me fui algo después de las 2, mientras mi hermano y sus amigas se quedaron hasta las 6. Pero bueno, después de todo estuve cuatro horas. A mi edad no creo que se pueda pedir más. Y yo fui a ver a LCD Soundsystem.
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martes, 2 de mayo de 2006
Internacionales

Acerca de la foto:
¡Aprendé K, esto es un piquete a una estación de servicio!
¿Nadie leyó las páginas internacionales de los diarios últimamente? ¿No hay nada que les llame la atención?
Quizás una tercera guerra mundial a la vuelta de la esquina por la cuestión de Irán y el enriquecimiento de uranio, sin olvidar que en Palestina gobierna una agrupación terrorista y el estado de Israel actúa como tal, en ciertas ocasiones. Bueno, sí, una retirada unilateral quizás sea mejor que ninguna, pero la cuestión está muy lejos de resolverse.
¿Qué más? La vieja Europa descubre las bondades del piquete, en sus variantes musulmuna-marginal o intelectual no flexibilizable, por eso Francia parece la Argentina de 2001. La prensa inglesa sensacionalista, el incomparable Sun de Londres muestra el culo de la canciller alemana. Un progreso indudable, por mucho menos en el siglo pasado empezaban una guerra mundial. En cambio, en la nueva Europa, la central y del este, la fiesta continúa. Modernidad para sumar a la tradición, celulares, i-pods, plasmas, de todo para festejar. Llueven las inversiones y las relocalizaciones, ojalá que les dure. Al menos hasta que despierte el próximo gigante asiático con ganas de terminar con la pobreza de 500 millones de tipos en dos semanas.
¿Y en el Cono Sur? Ahora sí que se puso lindo. Nunca estuvo tan cercana la posibilidad de invadir la Banda Oriental, y terminar con esa farsa del paísito suizo en medio de los cabezas de termo sudamericanos. Pero al esperpéntico venezolano se le suma el de pulóver a rayas, que nacionaliza los hidrocarburos, y ahora agarrate. Los diarios de negocios, las agencias como Reuters, los mercados centrales todavía no lo pueden creer, creen que están viviendo una pesadilla. ¡Justo ahora! Pero esta película ya la vimos, y el final no creo que vaya a ser diferente. ¿Qué tal otra campañita al Alto Perú, ya que estamos? Y el que no va a poder festejar para nada el pase a cuartos de final del Timao es el compañero Da Silva. Con Uruguay y Paraguay en el ALCA, Argentina en Santa Cruz, y Bolivia con Cuba, el liderazgo regional y la Comunidad Sudamericana se posponen hasta el siglo XXIV, como mínimo.
Apasionante y divertidísmo, si no fuera que nos afecta directamente, aunque no lo notemos.
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martes, 25 de abril de 2006
Se fue el BAFICI

Se sabe, nadie puede estar en todos lados, y por eso mi presencia en el festival de este año fue casi testimonial: apenas un total de cuatro películas. Está claro que una grilla de programación así de apretada es la única forma de poder presentar tamaña cantidad de películas. Ningún festival del mundo, por muy importante que sea, puede durar un mes para que todo el mundo pueda ver todas las películas. El cine parece no ser tan rentable como un mundial de fútbol, al fin de cuentas.
Pero lo malo del festival es que uno se desespera por ver todo lo bueno, muy bueno e imperdible que hay para ver cada año, rarezas o experimentos muy difíciles de ver en salas comerciales, que a lo sumo y con mucha suerte alguien se animará a programar en el Malba o la Sala Lugones del San Martín. Y el público lo tiene muy en claro, porque responde llenando todas y cada una de las funciones, ya sea en el Abasto o en las demás salas periféricas. Pero claro, si bien el festival tiene muchos adeptos, también sabemos que es un evento para algunas minorías: críticos de cine, estudiantes y directores jóvenes, algunos empresarios o distribuidores independientes, chicos bohemios y alternativos por demás, estudiantes y turistas extranjeros (de presencia cada vez más notoria). Con todo esto no alcanza para que el festival resulte no más importante, que ya lo es, sino más cómodo. Más y mejores salas, más repeticiones de las mejores películas, mejores facilidades para asistir a los eventos. Me da la impresión de que la distribución de las salas no es la apropiada, que la mayor cantidad de proyecciones se centralice en un lugar es acertado, pero que ese lugar sea el Abasto no lo es en absoluto. No hay forma de evitar sentir que ese lugar es hostil, todo el evento del festival parece un injerto contra natura. En medio de la vorágine por conseguir entradas o no perderse la última proyección de esa joya que jamás volveremos a ver, falta algo más de tiempo para el disfrute. O para la reflexión, para la polémica, incluso para socializar, para compartir otras cosas con los demás espectadores y los organizadores.
A medida que escribo estas líneas me parece que se vuelven irrelevantes, cualquier evento cultural de cierta envergadura, como también la Feria del Libro, por ejemplo, sufre de los mismos males de gigantismo y aceleración desmedida. De hecho, a la Feria ya no voy más, más allá incluso de todo lo que ese evento significó en mi historia personal. Mejor comprar los libros en la librería y leer tranquilo en casa, porque, después de todo, ¿para qué mierda quiero que Hanif Kureishi me firme un libro?
La última película que vi del festival fue Election, del coreano Johnny To. Otra de mafiosos, un género que ya se ha vuelto definitivamente universal. Y tiene lo que tienen todas las del género: luchas por el control de la organización, violencia, humor absurdo, alguien que se queda con todo después de terribles luchas. Los espectadores occidentales todavía solemos denominar “independiente” a este tipo de películas, pero dudo de que en sus países de origen realmente lo sean. Están realizadas con presupuestos generosos, actores famosos y todo lo que el espectador de cine más comercial espera encontrar para su tranquilidad, en cualquiera de los dos hemisferios. Por supuesto que hay un cine oriental experimental, diferente (muy diferente), y ese cine también lo he visto en el festival, pero está claro que un film como Election es del más puro mainstream. Sigue siendo una experiencia desafiante, de todos modos, porque todavía cuesta acostumbrarse al muy peculiar sentido del humor oriental, a la entonación de esos idiomas irreconocibles, que puede parecer muchas veces desconcertante, a esa extraña manera de alternar cierta ingenuidad casi pueril con explosiones de violencia o perversión difíciles de digerir. Hay toda una serie de barreras culturales, en definitiva, que van más allá de tal o cual película o director, y que se interponen como un desafío adicional a lo específicamente cinematográfico. Podríamos también considerarlas como una invitación a comenzar a entender algo de esas complejas y fascinantes sociedades del Lejano Oriente. Aprovechemos ahora que la invitación es amigable, me da la impresión de que pronto seremos testigos de una verdadera invasión de las industrias culturales orientales, y no únicamente de aparatitos electrónicos.
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miércoles, 19 de abril de 2006
martes, 18 de abril de 2006
Cuando la publicidad impone estas caras de imbéciles
¿Alguien podría adivinar qué se supone que quieren vender los que publicaron este engendro?¿Medicina prepaga, tarjetas de crédito, universidades privadas, AFJP´s? ¿Venden algo con este tipo de estética tan de Hallmark Channel para jóvenes? ¿Por qué esas caras, esas sonrisas, qué significan esas posiciones? ¿Es porque no pudimos presenciar la orgía que comenzó inmediatamente después de la sesión fotográfica? ¿Realmente creen que el público, o al menos el segmento de público al cual se dirigen desearía tener esa apariencia, esa ropa, mostrarse con esa actitud de alegría artificial? ¿O no es tan artificial, después de todo? Si ellos son los grosos, entonces deben tener razón. ¿O no será todo un gran, enorme, gigantesco malentendido? |
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lunes, 17 de abril de 2006
BAFICI bizarro

Todavía tengo pendiente completar la nota sobre Daniel Burman, pero empezó el BAFICI, y durante el fin de semana no pude evitar la tentación de ver algunas películas, aún sin estar muy al tanto de la grilla de este año.
Por eso al sábado a la noche terminé viendo un descarte del Hoyts a las 0:45, la única que no estaba agotada. Se llamaba Double Dare, un documental norteamericano sobre dobles de riesgo, en este caso dos mujeres, la experimentada y la debutante. Nada demasiado llamativo, mientras lo veía trataba de convencerme de que la historia era interesante, que revelaba un costado poco conocido de la industria del cine, que la breve aparición de Quentin Tarantino valía por toda la película. Pero en verdad el conjunto resultaba demasiado convencional, poco arriesgado, hasta indulgente. Parecía uno de esos realities de la MTV o de VH1 que tanto fastidio me causan (¿no eran canales de música, esos dos?) y que tardo una fracción de segundo en pasar de largo con el zapping.
Para el domingo fui mejor preparado, había tenido tiempo de consultar la grilla de programación con más detenimiento. Así fue que después del ensayo de Familia Costa me dirigí al Atlas Recoleta, un reducto apartado en medio de la parafernalia turística y familiar ABC1. Una sala que ahora llamaríamos vintage por su estilo setentoso tardío (esa onda recargada de revestimientos acolchados y de tonalidades coloradas oscuras, que parecía funcionar igual de bien en boliches, cines, restaurantes y telos), pero que no es otra cosa que lo que quedó de la decadencia general de los cines tradicionales. Sobrevive como el hermano menor del América, a fuerza de eventos especiales como el festival, en general de mucha menor escala que éste. Más allá de su condición, al Atlas Recoleta lo asocio siempre con buenas películas, casi siempre muy alternativas. Como antecedente más inmediato, de esa misma sala había salido unos cuantos meses antes, excitado como un nene después de ver la increíble Kung-fusión, en una noche tan fría como la de ayer.
Decidí hacer una seguidilla de dos películas consecutivas, con una apurada pausa para comerme una hamburguesa en el local de al lado, entre una y otra función. La primera fue Screaming Masterpiece, también un documental, pero bien diferente al anterior. Este trataba sobre la escena musical islandesa, la cual se hizo famosa mundialmente con los trabajos de Björk y Sigúr Ros. La realización era mucho más ambiciosa desde el punto de vista formal, y los largos pasajes musicales contribuían a reforzar, quizás excesivamente, ese sentimiento de majestuosidad que buscaban transmitir las abundantes tomas panorámicas de los paisajes de Islandia. Es evidente que la música de ese país posee características muy propias y definidas, ya sea en sus variantes más tradicionales o en su fusión con otros géneros como el rock, el pop o la electrónica. Se puede entender también que la obra de Björk no es un caso de genialidad aislada venida de aquellos confines polares, sino que es la parte más visible de todo un movimiento estético que parte de premisas incluso políticas. Pero en términos estrictamente cinematográficos la película no puede evitar caer en la monotonía. El director se esmera en transmitir toda la delicada y a la vez primitiva belleza de esas voces y esas instrumentaciones casi vanguardistas que parece ser la constante de la música islandesa. También se ocupa de presentar a una gran cantidad de artistas, intentando abarcar a todas las edades, géneros y niveles de difusión previa: no parece faltar nadie, si es cierto que en Islandia viven apenas 300.000 personas. Pero todo este cuidado no puede impedir que la narración cargue con el peso de una solemnidad por momentos exasperante. Pareciera que el director se tomara a los músicos demasiado en serio, mucho más que ellos mismos incluso. Nadie sonríe, nadie parece divertirse ni disfrutar la música de otro modo que no sea en medio de un éxtasis místico. Todas las declaraciones de los protagonistas son emitidas en un tono como de ceremonia religiosa, y también hay que decir que no todos tienen mucho de interesante para contar. Y esta solemnidad tan contraproducente llama mucho la atención, porque muy a su pesar la película deja entrever que los islandeses son en verdad unos jodones de aquellos. No me cabe la menor duda de que sólamente con un sentido del humor por demás especial puede un grupo de seres humanos vivir de manera tan armoniosa en un lugar tan inhóspito como Islandia. 
Únicamente la entrevista a Björk le aporta algo de claridad teórica a todo el asunto, parece ser ella la que mejor entiende o la que mejor sabe explicar la historia y la inesperada proyección de la música de su país. Justamente ella, la súper estrella pop (cuya música se vuelve más y más compleja a medida que pasan los años y los discos, pese a su éxito comercial o quizás justamente a causa de él). Es un placer además ver algunas imágenes de sus grupos anteriores, como por ejemplo los muy ingenuos, sofisticados y divertidos Sugarcubes, a quienes se les agradece el toque de ligereza que le falta a la película. Y también reconforta comprobar que en la actualidad Björk sigue tan linda como siempre.
Y la segunda ¿película? resultó ser todo lo lunática que prometía, pero muchísimo más escatológica, morbosa y políticamente incorrecta. Su título, The Aristocrats, proviene de un chiste viejo y no muy gracioso que circula desde hace décadas entre los actores del vodevil norteamericano. Es justamente una típica pieza que ilustra muy bien el estilo del humor yanqui, ese que, a la distancia, a muchos les resulta incomprensible. Básicamente sería algo así:
Un matrimonio de actores se presenta ante un agente teatral para ofrecerle un número nuevo, nunca visto.
-¿En qué consiste?-, pregunta el agente.
- Mi esposa y yo entramos al escenario- contesta el actor-, y luego de bailar un numerito musical, nos ponemos a cagar en un balde. Después volcamos el contenido en el piso y nos revolcamos en la mierda hasta quedar por completo cubiertos. Saludamos y nos retiramos.
- Es lo más espantoso que escuché en mi vida, ¿cómo se llama este acto?
- “Los aristócratas”.
A partir de este chiste tan sencillo, que oscila entre lo absurdo y lo escatológico casi con ingenuidad, la película se construye mediante el montaje frenético de breves fragmentos de entrevistas a varios de los cómicos más famosos de los EE.UU en la actualidad. Aunque no conozcamos todos los nombres, seguramente los vimos en las series de Sony, o en películas, o en programas como Saturday Night Live, o shows como los de Leno, Letterman o Carson. Por si no quedó claro, ninguno es un artista del under, aunque quizás provenga de allí. Y no parece faltar casi nadie, sólo Seinfeld y Jim Carrey. Pero están Paul Reiser (Mad about you), Jason Alexander (el George de Seinfeld), Drew Carey, Whoopie Goldberg, Rob Schneider, ¡Carrie Fisher!, Kevin Nealon, Trey Parker y Matt Stone (los realizadores de South Park), y muchos más que ahora no recuerdo. Otros son escritores de revistas humorísticas, o productores de cine o TV, en algunos casos, verdaderas leyendas de la comedia.
Está claro que durante las entrevistas los cómicos dialogan con los realizadores, pero en la edición final queda mayormente lo que declaran los actores, como si fuera una variante todavía más informal de sus rutinas stand-up. Y lo que la edición de los fragmentos va intercalando a un ritmo tremendo es, en resumidas cuentas, primero la versión “básica” que cada cómico conoce del chiste, y luego cómo cada uno de ellos lo va modificando para darle su toque personal, casi siempre expandiéndolo hasta hacerlo durar varios minutos, agregándole toda clase de variantes y hasta cambiando o invirtiendo el sencillo remate. Algunos hasta se atreven a teorizar o incluso historizar acerca del chiste y sus sucesivas modificaciones. También se cuentan las anécdotas de quienes presenciaron las versiones más legendarias del relato de este chiste.
Pero el detalle fundamental es que todos esos agregados son una acumulación infinita de escatología, pornografía, incesto, racismo, sexismo, xenofobia y todo aquello que pueda considerarse como políticamente incorrecto. Se trata de convertir al inocente balde de mierda del chiste original en una montaña de lo peor que pueda imaginar un ser humano. Todos, absolutamente todos y cada uno de esos cómicos, muy aptos para todo público por lo general, que suelen aparecer en series y películas familiares, se dedican a relatar bellezas del estilo:
Entonces entran al escenario mi hija de diez años y mi hijo de ocho. Empiezan a coger entre ellos, hasta que me caliento tanto que agarro del culo al nene y le meto en el orto mi pija llena de mierda, mientras por la otra punta del escenario también entra mi abuelo con un burro, al cual mi mujer le empieza a chupar la pija hasta que de la acabada del burro mi mujer queda tuerta, lo cual no le impide a mi abuelo empezar a cogérsela él por el culo, mientras mi nena de diez le chupa los huevos a mi abuelo y el burro le chupa la concha a mi mujer.
O si no:
También tenemos un bebé de apenas unos meses, al cual intento volver a meter en la concha de mi mujer, pero sólo consigo meterle la cabeza, así que también le meto a mi mujer mi pija en la concha así el bebé me la puede chupar desde adentro. Mientras tanto, unos miembros del KKK se dedican a ahorcar a varios negros, y un nazi disfrazado de Hitler prende fuego a mi hermano judío, situación que es aprovechada por un grupo de hispanos para robarnos las billeteras.
O también:
Mi hijo de quince años tiene la pija tan grande que al penetrarme hace que me revienten las hemorroides, por eso cuando la saca mi recto se despedaza y se vuelca ardiendo por todo el escenario, y los nódulos más chicos son del tamaño de una pelota de tenis. Mi hija menor los agarra del piso y se los come como manzanas.
O la versión “invertida”, a cargo de una simpatiquísima y joven actriz:
- En su antiguo palacio de las afueras la familia disfruta de una exquisita cena, servidos por el mayordomo y varias mucamas. Todos conversan con amabilidad, amor y respeto, los chicos se portan bien, piden permiso para hablar y manejan los cubiertos a la perfección. Deciden comer el delicioso postre en la sala de juegos, mientras el padre disfruta de un excelente cognac y un puro junto al fuego de la chimenea.
- Ajá, bien, ¿cómo se llama el acto?
- “La familia de putos remachados y chupapijas” (traducción libre de “the cocksucking motherfuckers”).
Y hay más, mucho más. Está la versión de los dibujitos de South Park, la versión de acróbatas con fuego, hasta la versión de un mimo, que hace toda la mímica de violar a un bebé para el espanto de los ocasionales peatones. Algunos de los cómicos le cuentan incluso el chiste a sus propios nenitos de menos de un año, rubiecitos y tiernos como cualquier otro bebé, y los nenes reponden a las barbaridades del padre con risitas e interjecciones. Después de toda esta interminable serie de atrocidades más explícitas que el peor de los materiales del más perverso de los sex-shops, el remate es siempre el mismo: “se llama Los aristócratas”. Delirante, imposible de creer, revulsivo, salí del cine con amagos de arcadas. Pero nadie podía parar de reírse.
Cuando algunos de los actores hablaban de mezclar en el relato del chiste a las víctimas del 11-S toda esta locura empezaba a tener un sentido más político. Muchos de los cómicos son neoyorquinos, de la larga tradición humorística judía que se remonta a los Hermanos Marx, pasa por Woody Allen y llega hasta la fama planetaria del mismo Jerry Seinfeld, y vivieron el clima de consternación patriótica posterior al atentado como una maldición. No solo en cuanto al recorte de sus posibilidades laborales, sino también como un avance represivo del Estado sobre la libertad de los ciudadanos. En la exageración alucinada de este chiste tan tonto hay entonces una voluntad de oponerse a la ideología autoritaria y militarista republicana, y además, muy especialmente, una catarsis más que evidente. Sobre todo cuando vemos las imágenes de uno de los actores más desaforados, quien en medio de un show privado para gente muy exclusiva patrocinado por Hugo Hefner con la intención de recaudar fondos para las víctimas de las torres, ante la dificultad aparentemente insalvable de conseguir que el público se relajara un poco y se riera sin culpas, decidió arremeter con una versión desatada y memorable del chiste de los aristócratas. El resultado: todo el mundo revolcándose en sus asientos de la risa, necesitaban un shock de ese calibre para soltar tanta mierda atragantada.
Esta es una de esas películas que realmente hacen honor al espíritu del festival. Está hecha en EE.UU., con un montón de gente famosa, pero es una rareza absoluta, una creación que lleva al espectador al límite de su tolerancia y de su entendimiento, un poquito de luz para las regiones más oscuras de los ciudadanos de Occidente. Un desafío conceptual disfrazado de la peor de las groserías.
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lunes, 10 de abril de 2006
Unos momentos de felicidad: dos películas de Burman (intro)

No es algo de lo que pueda opinar a fondo, pero desde hace un par de temporadas es una experiencia muy frustrante ver ficción televisiva argentina. Están las tiras diarias: gritos, histeria, trazo grueso, recursos argumentales muy pobres, repetición, previsibilidad, crispación, ninguna sutileza, todo hablado y explicado como si además de idiotas los espectadores fueran ciegos. El costumbrismo del año 2000, que algún guionista culposo justificará inscribiéndolo en la tradición del sainete criollo, estableció a la gente del barrio y a las clases altas como los estereotipos sociales a caricaturizar, mientras que las clases medias quedaron para los unitarios: los productos “serios”, “de calidad”. Pero el nivel no mejora. Truculencia, violencia gratuita, sobreactuaciones, pulsos, labios y cabezas que tiemblan y se menean descontroladas. Toda la ficción televisiva no hace sino duplicar lo que se vio momentos antes en los noticieros, la frontera entre realidad y ficción es cada vez más tenue.
¿Quedará todavía alguna posibilidad de sentir felicidad por un rato frente al televisor? No la felicidad histérica y arrebatada del gol del equipo propio, casi la única alegría de millones de personas. Tampoco esa que proviene de disfrutar del padecimiento o la ridiculez del prójimo en la cámara oculta, o ese sentimiento de viveza compartida que nos quieren generar los presentadores bananas, esos que desparraman con sonrisa ladeada su cínico descreimiento de todo, menos de sus anunciantes. Me refiero más precisamente a una felicidad más serena, esa que nos reconcilia con nosotros mismos y con los demás, que muy a nuestro pesar nos deja sellada una sonrisa estúpida, la cual sin embargo proviene no de nuestro sentimentalismo (otro mal de la TV) sino de apreciar toda la inteligencia y la sensibilidad de un realizador y su equipo plasmada en un producto audiovisual. Un entusiasmo reposado, un sentimiento reconfortante, que puede no estar relacionado con el hecho de poder identificarse o sentir empatía por los personajes. Pudo pasar hace algunos años con Okupas, un milagro que parecía venir de Marte. Una rarísima ocasión en la cual los mejores recursos formales y técnicos se pusieron con un máximo de coherencia al servicio de una historia distinta a todo, que pese a su temática sórdida supo entregar muchos momentos inolvidables, de genuina alegría. Pero después de eso, incluso si accedemos a considerar como ficción al delirio y la extravagancia inteligente de Todo por dos pesos, ¿pasó algo más en la tele nacional que nos haga sentir mejor por un rato? No, hubo que pagar el cable y ver a los ingleses de The Office, o a las chicas neoyorquinas de and the City. Algún momento inspirado de Saturday Night Live, y las eternas repeticiones de Seinfeld.
Para sentirse feliz viendo una ficción nacional en estos años hubo que ir al cine a ver las películas de Burman. Al menos las dos últimas, El abrazo partido y Derecho de familia.
CONTINUARÁ
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